Evocaciones navideñas: Radio Segovia y el camello cojito de Ismael

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Jesús Fuentetaja

Me resulta imposible evocar las navidades de antaño sin recordar los ecos de las ondas amigas de Radio Segovia y de su programación especial para estas fiestas. Las cuñas publicitarias nos hacían llegar los mejores deseos de la industria y del comercio segovianos, entremezcladas con villancicos populares. A finales de los años sesenta y principio de la década de los setenta a los que se remontan mis recuerdos, la programación local ocupaba la mayor parte del horario de emisión y las verdaderas cuñas eran realmente las conexiones con las emisoras de ámbito nacional. Descontados los partes de RNE, de emisión obligatoria y algún que otro programa de entretenimiento de la SER, la casi totalidad de la parrilla diaria estaba dedicada a hablar de lo que aquí ocurría, de lo cotidiano. Este carácter entrañable se acentuaba en los días navideños, especialmente en torno al 25 de diciembre y al 1 de enero, en los que se repetía en los micrófonos de Radio Segovia la misma cantinela: “Felices Pascuas y Próspero Año Nuevo”, que venían a desear a sus oyentes el industrial o comerciante de turno, antes que sonara la música elegida para cada felicitación.

Radio Segovia siempre tuvo un excelente elenco de profesionales a su servicio, muchos de ellos harían luego carrera en los principales medios audiovisuales del país. Fue cantera de Televisión Española, donde acabaron trabajando, entre otros, que yo sepa y que me perdonen las posibles omisiones: Santiago y Javier Vázquez, Cirilo Rodríguez, Julio César Fernández, Emilio de Andrés y no sé si alguno más que no logro recordar. De aquí salió Pepe Castrillo, para dirigir algunas de las emisoras más importantes de la cadena SER y, aquí, quiso permanecer Alfredo Matesanz, para prestar su voz al pueblo de Segovia durante más de cuarenta años. Me van a disculpar todos ellos, pero el recuerdo de los sonidos de aquellas navidades tiene timbre femenino. Son las voces afectuosas y siempre reconocibles de Consuelito Muñoz y de Josefina García (ésta última paisana mía de Navafría, que luego se enfadan en mi pueblo si no lo digo) las que asocio con los villancicos y felicitaciones que se lanzaban al aire desde la antena de la calle de San Agustín, bien es verdad, que entre algún acople intempestivo con el rezo del santo rosario, que se retransmitía a diario desde el cercano convento de las Madres Dominicas.

Dejando aparte el Tamborilero de Raphael, tres eran los temas que más se repetían en aquellos días, posiblemente por ser segovianos sus intérpretes: El Tarantán, grabado por Agapito Marazuela, en 1969; los Airecillos de Belén, incluidos en el primer LP del Nuevo Mester de Juglaría de 1971 y el Camello Cojito, del Auto de los Reyes Magos de la poetisa Gloria Fuertes, al que puso música Ismael Peña, también en 1971. Por cierto, hablando de Josefina García y de Ismael, hay una curiosa entrevista de la locutora al cantante, creo recordar que en el mes de diciembre de 1973 y sobre las tablas del hoy desaparecido Teatro Cervantes, con motivo de la participación de este último en el festival del aniversario de la emisora, en la que le pone en un aprieto con sus preguntas por haberse atrevido a traspasar la delgada línea comercial en sus últimos trabajos. (Con toda seguridad se estaría refiriendo al álbum “Alzo la Voz”, grabado ese mismo año y que estaba funcionando con éxito en los circuitos del Gran Musical, el equivalente a los 40 Principales de ahora).

De los tres villancicos citados, es la bella historia del camello cojito cantada precisamente por el folklorista de Torreadrada, la que recuerdo con mayor afecto y emoción, además de parecerme la más apropiada para este día, en que se celebra la festividad de los Reyes Magos. Aquella birria de camello que vendieron a Baltasar en Oriente, se convierte en un suave y confortable muñeco de peluche en los brazos del Niño, que le prefiere al oro, al incienso y a la mirra que le ofrecen los tres Monarcas venidos de lugares tan lejanos. Es la moraleja con la que me quedo. Al final se trata de buscar la felicidad de lo inmediato, de lo posible. Soy de los que creen que la plenitud está llena de pequeños momentos, porque no existe la felicidad absoluta, sino sólo la relativa de cada instante. Regalemos pues momentos felices a los demás, hoy y todos los días del año recién estrenado, aunque nos valgamos para ello de cosas tan sencillas como un simple muñeco de trapo.

Termino, por ello, con las palabras que seguramente pronunciará Don Amando, el párroco de la Lastrilla y del Sotillo al concluir la misa de hoy, las mismas que viene repitiendo a sus feligreses domingo tras domingo: “SER FELICES Y A SER POSIBLE: CONTAGIARLO”. Ese es también mi deseo para todos los lectores del periódico.

Ojala los Reyes acierten con este último regalo.