En el día de San José de Calasanz, patrón del magisterio español

Manuel FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ (*)

Como Frutos, el santo eremita “siervo bueno y fiel”, cada 25 de octubre realiza el portentoso paso de la hoja de su pétreo libro en la puerta de la Santa Iglesia Catedral, con la puntualidad con que cada último día del año a medianoche tomamos las doce uvas, o con la fidelidad con que las golondrinas, año tras año “vuelven de cada balcón, sus nidos a colgar”, mantengo propósito y costumbre de, cuando el calendario levanta la hoja de 27 de noviembre, en que la Iglesia recuerda a San Valeriano, pero, por agenda escolar, el magisterio católico honra a su santo patrón José de Calasanz, trasladándolo de su día 25 de agosto, patrono, guía y modelo del magisterio católico español, dedicar unas palabras en su honor y que al tiempo sirvan de aviso e invitación a los actos que por tan alegre festividad celebra la Asociación Católica de Maestros de Segovia.

Debo confesar y confieso que, dados los años que lo vengo haciendo y lo reiterativo de la operación de loa al mismo santo, me resulta complicado, sin repetirme, mi propósito de honrarlo, darle gracias por su constante y eficaz patrocinio, y pedirle que, siguiendo la estela de otro santo y patrón de todos los españoles, Santiago, al que a orillas del Ebro vino la Vírgen María para darle ánimos y constancia en su ardua labor de predicar a los españoles, no se rinda ni permita que se achiquen los maestros que hoy tienen que luchar con ambiente, doctrinas y leyes tan desfavorables, cuando no prohibitivas, de la educación religiosa en nuestras aulas, que son como los paquidermos, lentos, pero tenaces.

Pedirle a él que supo vencer las dificultades en su tiempo, desde la oposición paterna que le orientaba a la carrera de las armas, o llevarle al mundo del comercio y la industria familiar, y prefirió la forja de hombres en vez hierro de la herrería familiar, pasando por catástrofes naturales climatológicas, como inundaciones, en las que tan infatigablemente ayudó, en otra época y lugar mantener a raya bandolerismo y andanadas de gascones y hugonotes, superar animosidad de detractores que incluso le llevaron a temporal prisión de la Inquisición, y hasta padecer un accidente con una campana que lo dejó cojo, como la problemática de la enseñanza y educación de niños desfavorecidos en los barrios pobres romanos, que siga dirigiendo y animando al magisterio español, y muy especialmente al segoviano, hoy que con tanta traba de medios y sobre todo de andanadas ideológicas, topan para seguir educando en los valores tradicionales cristianos, auténtica base y fundamento de nuestra Historia y nuestra cultura.

En cierto modo me recuerdan sus días de penalidades y contrariedades en la Roma del XVI, en que pretendiendo la educación popular, libre y gratuita para los niños pobres, todos le rechazaban, pero él, con su tesón y la ayuda divina que siempre pedía, fue logrando su objetivo de llevar educación y cultura a las clases populares.

Hoy más que reiterar la interesantísima vida y obras del santo aragonés, nacido en Peralta de la Sal (Huesca), último de siete hermanos, hijo del alcalde Pedro de Calasanz y María Gastón, allá por el 1557, me interesa pedirle ayuda y conseja, constancia y fuerza para que nuestros compañeros maestros en activo que, contra viento y marea, quieren seguir llevando a las aulas una educación “integral”, de cuerpo y espíritu, eduquen en los tradicionales valores del cristianismo, con el coraje y la fuerza necesarios para abatir apatía y estrategias de unos gobernantes más que laicos laicistas.

Hoy los maestros, los educadores católicos se enfrentan contra usos y costumbres de una sociedad hedonista, que da más valor al tener que al ser, vacía de valores, que piensa que la vida es sólo búsqueda de placer, que no valora el esfuerzo, que se rinde ante la juventud del botellón, el amor libre y el madrugador consumo de alcohol y otras sustancias, que incluso, en éxtasis de papanatismo intentan que los “bebés” aprendan y jueguen a juegos eróticos, “para conocer su cuerpo y prepararse para la vida”, sin alarmarles el S.O.S que los médicos lanzan por los casos de jovencitos en coma etílico, mientras nuestros gobernantes, empeñados en retirar símbolos cristianos y que las más graves ofensas a los sentimientos religiosos no sean punibles, permitiendo las más soeces burlas y chanzas a lo que signifique Iglesia y religión, empeñados en defenestrar la enseñanza religiosa que a nadie obliga, pero sí tantos la quieren, solicitan y ven imprescindible en una educación integral, en la que tantos pedagogos coinciden como “dar al cuerpo y al espíritu la mayor perfección de que son susceptibles”. Así mismo nuestros maestros han de pelear porque se hable correctamente, se cultive la ciencia matemática y se adquiera una digna cultura general, que se van relajando y llegando a estadios que ruborizan.

Estos versos nos recuerdan que “Si un árbol crece derecho/ de mayor seguirá igual, / es la labor del maestro, es su misión principal”, y Albert Einstein dijo: “Es el supremo arte del maestro despertar la curiosidad en la expresión creativa y conocimiento”, mientras Willian Butler Yeats sentenciaba: “La educación no es llenar un cubo, sino encender un fuego”.
Malafa Yousafzai, premio Nobel de la Paz 2014, afirmaba: “Un niño, un maestro, un lápiz y un libro pueden cambiar el mundo”.

El poeta Gabriel Celaya veía así la educación en su poema ¿Qué es educar?: “…Pero para eso/ uno tiene que llevar en el alma/ un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta/ y un kilo y medio de paciencia concentrada/…Soñar que ese navío/ llevará nuestra carga de palabras/ hacia puertos distantes,/ hasta islas lejanas/…Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestra propia barca/ en barcos nuevos, seguirá nuestra bandera enarbolada”.

En el pulso gobernantes laicistas versus maestros católicos, convendría recordar que maestro viene del latín magíster y ésta de magis=más, mientras ministro, viene de miníster, que significa criado, sirviente, que a su vez viene de minus=menos, lo que avala nuestra afirmación de que a ministro puede llegar cualquiera, a maestro sólo los mejores. Tal vez por ello algunos se empeñen en defenestrar el estudio de las lenguas clásicas…

Maestro es el primus inter pares, el modelo, el que llega a la jefatura por su autoridad personal, el superior del grupo, pero el magisterio se adquiere por conducta y comportamiento, no por unos cursos de estudios que puedan ser evaluados en la Universidad Rey Juan Carlos…

Por lo susodicho desde estas páginas comunico a quien cupiere que los maestros católicos segovianos nos vamos a reunir en torno al santo patrón para encomiar sus virtudes y su obra educativa, con Celebración Eucarística, oficiada por el consiliario de la Asociación, don Juan Santos, en la iglesia parroquial de Santo Tomás Apóstol, a la una de la tarde, con unas breves palabras de saludo y felicitación a cargo de quien esto escribe, y a continuación comida de amistad y hermandad en el restaurante “La Codorniz”, a las 14, 30, concluyendo con entretenida sobremesa a cargo de las “miembras” del “Taller del cuento de Segovia” Mercedes Rodríguez y Rosa María Gómez.

Los maestros católicos seguimos educando, que no sólo enseñando, en cristiano, sabedores de que, como decía el eminente pedagogo brasileño Rubén Alves, enseñar es ejercer la inmortalidad, pues lo enseñado, de algún modo sigue viviendo en lo que los demás aprenden de nosotros, como páginas de nuestro libro que se leen y releen, o simientes de nuestro árbol que cada primavera reverdecen y multiplican naciéndole nuevos tallos.

Desde estas páginas quiero decir que, como Teruel, la Asociación Católica de Maestros de Segovia, también existe, y pujante, y con sus 120 asociados, abiertos a recibir a cuantos lo deseen, entusiasmados con su polifacética actividad religiosa, profesional educativa, cultural, social y recreativa: retiros mensuales, convivencias, conferencias, “semanas culturales”, visitas culturales, excursiones, cine forum, comidas de fraternidad, celebraciones festivas, discusión de temas profesionales, de actualidad.

También con el maestro de maestros, José de Calasanz, desde 1948 nombrado por Pío XII patrono de las escuelas cristianas, “Hemos encontrado la manera definitiva de servir a Dios, haciendo el bien a los pequeños, y no lo dejaremos por nada del mundo”.

“…Tú, de la fe encendiste/en las almas la luz/ infunde en nuestros pechos/ anhelos de virtud.// Protege a las escuelas/ desde la gloria y luz,/ que en ellas resplandezcan/ con la ciencia y la piedad”.
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(*) Maestro Nacional, (profesor de la ESO, jubilado).