Emilio Montero Herrero – Sí, hay otro feminismo

En contestación al artículo de Mujeres feministas de la provincia de Segovia, “El feminismo es feminismo”, publicado por el Adelantado de Segovia el pasado 27 de marzo, referente al que yo publiqué unos días antes: “Hay otro feminismo”, permítanme que las diga a sus autoras, con el debido respeto, que se serenen y lean detenidamente lo que escribo y posiblemente consigan algún día, tal vez lejano, escribir algo que merezca la pena ser leído. Su artículo, sacado totalmente de contexto con respecto a lo que yo describo, no tiene desperdicio, mostrando la falta de conocimientos sobre el tema que nos ocupa y que muestra que se mueven no por datos reales, sino que se dejan llevar por consignas y propaganda. No han entendido nada de lo que a yo me refiero en mi artículo. Sus criticas son, por tanto, absurdas y sus descalificaciones no tienen sentido. Lamento decirlas que el lugar más adecuado para ser archivado es la papelera.

A ver si ahora consigo explicarme mejor, para que me entiendan. Yo creo y apoyo al verdadero feminismo, ese que se ha ganado la libertad con el esfuerzo inmenso de grandes mujeres. Mujeres que luchan por soluciones pragmáticas y reales. Que comprenden las conquistas. Que buscan acabar con el silencio y el miedo. Cuyo objetivo es derogar la discriminación aliándose con los individuos racionales, independientemente de su género. Que su misión queda definida en el artículo 14 de la Constitución Española: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, y que su visión consista en la consecución de una sociedad en la que todas las personas tengamos las mismas oportunidades, derechos y obligaciones, a pesar de las diferencias que existen entre nosotros y que no se pueden evitar.

El feminismo defiende una causa con la que teniendo un mínimo de sentido común es muy fácil estar de acuerdo: lograr la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. El problema es que de un tiempo a esta parte el movimiento feminista empezó a derrapar hacia un victimismo pueril, puritano, paralizante y fuera de la realidad. Me refiero al feminismo radical, que es el que yo repruebo en mi artículo. Y no me refiero al radicalismo, los radicales mueven el mundo, si no en que señalen al hombre, solo por ser hombre, como el enemigo a batir. Como si todos los hombres fueran iguales. Como si hubiera dos personas iguales en este mundo.

El feminismo radical vulnera el principio esencial de igualdad ante la ley con sus cuotas por razón de género, que priman el sexo del colectivo en lugar del mérito de la persona, la indefensión ante la Justicia o la aberrante criminalización del hombre, al que las feministas radicales acusan de ser un violador y asesino en potencia. Y es que dar crédito a las víctimas por el hecho de presentarse como tales es abrir la puerta a las venganzas, las revanchas, las calumnias, las difamaciones y los ajustes de cuentas. Las mujeres mienten tanto como los hombres, es decir, unas sí y otras no. Si se les da crédito a todas por principio, se está entregando un arma mortífera a las envidiosas, a las despechadas, a las malvadas, a las misándricas y a las que simplemente se la guardan a alguien.

Este feminismo denuncia la constante violencia e inseguridad a la que se ven sometidas las mujeres por culpa de los hombres y el actual “sistema capitalista heteropatriarcal”.

A grandes rasgos el patriarcado se define como un sistema social en el que existe un desequilibrio de poder a favor del hombre. Ciertamente, el reparto tradicional de roles, aunque cada vez es más difuso, sigue presente, pero lo que es cuestionable es que operen siempre a favor del hombre. La presión que soporta un hombre que se queda sin trabajo, que no ve posibilidades de futuro, y siente que no puede cumplir con el compromiso de sacar adelante a su familia, deja secuelas para siempre.

Es algo que no se dice, pero en nuestra sociedad, un hombre se sigue valorando como hombre en función de la riqueza que es capaz de crear. Una carga pesada y asfixiante para muchos, a la que ahora hay que sumarle la de ser considerados privilegiados opresores, sin importar lo penosas que puedan llegar a ser sus circunstancias.

Si consultan algunos datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) empezarán a dudar seriamente de que este sistema patriarcal sea el paraíso del género masculino. En 2015 se suicidaron 2680 hombres, frente a 922 mujeres. Un 74% más. Entre sus causas, percepción de fracaso respecto al rol de masculinidad, desigualdad económica o desestructuración familiar. El mismo año se contabilizaron 60 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas, dentro de un total de 285 homicidios, de los que fueron víctimas 164 hombres y 121 mujeres. Resulta algo confuso pensar que en un sistema en el que se fomenta que el hombre mate por machismo, en un solo año, frente a 60 crímenes de violencia de género hayan muerto 164 hombres asesinados y 2680 hayan preferido matarse a sí mismos. ¿Podría considerarse como problema social de género el suicidio masculino?

Frente a la obsesión del feminismo radical por criminalizar a los hombres, culpándoles de todo lo malo que les sucede a las mujeres, los datos demuestran que la violencia no tiene sexo, puesto que se da, en mayor o menor grado, en ambos colectivos. La responsabilidad de tales crímenes no es colectiva, sino individual. Ni todos los hombres son homicidas y violadores (sólo el 0,006%) ni todas las mujeres inocentes (cometen el 11% de los asesinatos).

Todo lo anterior no quita para advertir que siguen existiendo barreras sociales -que no legales- y problemas, como la diferencia en el salario a tiempo completo, que se sitúa por hora en las mujeres en 14,6 euros por los 16,2 euros en los hombres, o la violencia en pareja, que es necesario superar.

Lo lamentable es el panorama que pretende vender el feminismo radical, cuya base no es otra que el marxismo de toda la vida, y que nada tiene que ver con la realidad de Occidente y, particularmente con España, encuadrada entre los 5 mejores países del mundo para nacer mujer, tal y como revela el ranking internacional Women, Peace, and Security Index.

La periodista y, por cierto, también historiadora española, Cayetana Álvarez de Toledo, redactó una brillante columna el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, que se vuelve imperioso que les cite. Escribe: “No hay nada más paralizante, contrario al pleno despliegue del potencial de una mujer, que el victimismo. Y nada más peligroso para la convivencia y la salud democrática. El victimismo es uno de los peores vicios de nuestro tiempo. Está vinculado a la infantilización del mundo contemporáneo y su principal efecto es el populismo. Para un demagogo de medio pelo o coleta, el paraíso son millones de víctimas necesitadas de un salvador. Sí, de un macho. Y bien alfa”. La civilización occidental enfrenta hoy grandes peligros. Uno es este presunto “feminismo” revanchista, que le ha declarado la guerra al varón. Reforzado por el totalitarismo de la corrección política. Un grupo colectivista que busca, a toda costa, imponer pautas que definan la conducta del individuo. Límites que terminarán derrumbándolo para dar paso a una sociedad totalitaria. Cayetana Álvarez de Tolero también señala en su columna: “Frente a este nuevo feminismo, agresivo y retro, cabe volver a reivindicar la más brillante conquista de la modernidad: el reconocimiento del individuo. Único, singular, ciudadano, con su voz y voto intransferible y su igualdad protegida por ley”.

Estamos llenos de contradicciones, pero debemos aceptarlas y trabajar juntos, mujeres y hombres, para construir una sociedad mejor. Como reza el lema de la plataforma Women of the World para defender la “complementariedad” de hombres y mujeres: “En femenino sí y en masculino también”.

Para finalizar, las animo a que no se dejen manipular por una serie de falacias que por mucho que se repitan no dejan de ser mentiras diseñadas con el único fin de engañar y confundir a la opinión pública, y que sigan trabajando por el verdadero y loable feminismo que busca realmente la igualdad entre hombres y mujeres. Reciban mi saludo más cordial.