Emilio Montero Herrero – Segovia necesita reinventarse

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La pandemia del coronavirus está golpeando España más fuerte que a muchos países del mundo no sólo por una deficiente gestión política, sino porque dependemos demasiado de un turismo que se ha reducido drásticamente.

Nadie cuestiona el valor del turismo, pero tener que esperar a que los viajeros vengan para que nuestra economía funcione, al aportar casi un tercio de la riqueza nacional, es un lastre y una profunda debilidad con demasiado riesgo, como se está demostrando en esta crisis sanitaria.

Es tal nuestra dependencia, que da mucha pena ver el reciente recibimiento de Mallorca a la avanzadilla de turistas alemanes entre aplausos, que nos recuerda a la película “Bienvenido Mr. Marshall”.

Algo parecido sucede en todas las ciudades españolas, como Segovia, con numerosos bares, restaurantes, hoteles y tiendas de “souvenirs”, esperando que lleguen visitantes para poder salir de las dificultades económicas, una esperanza que se desplomaría si se produjera un intenso rebrote de la pandemia.

Con esto no quiero decir que el turismo sea perjudicial, tenemos que estar orgullosos de nuestro excelente sector de servicios, el problema es que no tenemos una alternativa fiable al mismo. Es preocupante, por ejemplo, que nadie mencione que tenemos que reconvertir nuestro sector industrial.

Hubo un tiempo, no hace ni siquiera medio siglo, que España era la novena potencia industrial del mundo y la dependencia del turismo no era tan fundamental. Aquella España constructora de barcos, camiones y electrodomésticos con acero propio, se ha perdido en gran medida.

Por otra parte en España, ya lo decía Unamuno, se sigue el dicho de “que inventen ellos”, que aquí hay poca ciencia, investigación y tecnologías avanzadas, los buenos investigadores se marchan porque no dedicamos suficientes recursos económicos para investigar y raras son las industrias y empresas con tecnología propia. Esto se traduce en nuestra excesiva dependencia de las empresas extranjeras afincadas en España, que pueden marcharse cuando quieran, como es el caso del cierre de Nissan en Barcelona, que supone la pérdida de cerca de 3.000 empleos en Cataluña y otros 12.000 puestos en la industria auxiliar vinculada.

La sociedad entera busca en la innovación la esperanza a la salida de la crisis. Pero esta buena percepción en la opinión pública no se corresponde con el famoso 1,24% del PIB, que refleja la escasa inversión en I+D de nuestro país en comparación con los de nuestro entorno.

Resulta obvio, por tanto, el por qué dependemos de los servicios y que de las 100 fortunas españolas no haya ninguna derivada de actividades tecnológicas o industriales. Todas están ligadas a sectores como el textil, la construcción, infraestructuras, distribución o turismo.

Esta crisis nos está demostrando, de forma bastante cruda, la importancia de invertir en ciencia e investigación, en prevención, en tecnología y equipamiento que doten de mayor capacidad a nuestro sistema sanitario. Decidamos, pues, si en el futuro queremos disponer de nuestro propio arsenal científico, industrial y tecnológico para hacer frente a nuevos desafíos que se presenten o preferimos seguir dependiendo de los mercados internacionales.

En el caso concreto de Segovia, la factura del turismo nos lo va a hacer pasar fatal después de meses sin facturar, sin el volumen de negocio de antes y con un futuro más que incierto.

Visto lo visto, es obvio que Segovia necesita reinventarse y buscar para el futuro otras alternativas al turismo. Quizás, por eso, sería interesante potenciar de nuevo la utilización del edificio CIDE del CAT junto con el desarrollo del Plan Estratégico y de Innovación de Segovia, con el objeto de diversificar nuestra economía y ofrecer en un futuro próximo otras opciones de riqueza y empleo en sectores menos tradicionales que mitiguen el éxodo de jóvenes y la consiguiente despoblación. También para invertir en un cambio de modelo productivo que mejore nuestra economía y por tanto el futuro de Segovia y de los segovianos.

De momento nos queda el turismo, ese “gran invento” como decía la película, pero que entre la crisis sanitaria y las medidas desafortunadas no parece que vaya a remontar mucho, y si seguimos con el lema “que inventen ellos”, lo mejor sería facilitar la instalación de todo tipo de industrias en el país y en concreto en Segovia. Pero si lo que deseamos realmente es afrontar un futuro próspero e ilusionante, debemos tomarnos en serio la tecnología, la ciencia, la innovación y la industria.