Emilio Montero Herrero – En defensa de España

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En los últimos tiempos España necesita que se la defienda, como se merece, ante los excesos de los secesionistas, o cuando tropiezas con el desprecio por nuestra historia. De esta labor no solo son responsables los políticos. Es en primer lugar de quienes les corresponde liderar la elaboración de un pensamiento crítico e informado acerca de nuestra identidad y nuestra historia. Me refiero a nuestras élites intelectuales, que deberían trabajar para el engrandecimiento del país que les da su razón de ser; de saber estar a la altura de las circunstancias para recoger el sentir popular de muchos españoles de a pie que tienen a su patria como un gran país. Élites que, salvo honrosas excepciones, se han dedicado a tirar por tierra o ignorar lo mejor de nuestro tiempo pretérito.

En esta cuestión, también somos responsables los españoles de a pie, que en general no somos capaces de recordar y valorar nuestro extraordinario pasado, a pesar de haber sido uno de las más grandes naciones de la historia y de la que deberíamos estar orgullosos. Olvidamos con toda facilidad a tantos personajes destacados que en otras naciones serían de leyenda. Estos héroes españoles, que han existido en prácticamente todas las épocas, son unos grandes olvidados. De alguno se recuerda apenas el nombre y poco más, de otros muchos hasta su existencia se desconoce. Damos la impresión de ser un país que parece le incomoda su propia grandeza. Ahí tenemos las pobres celebraciones con motivo del V Centenario del viaje de Magallanes y Elcano. Si hubiesen sido ingleses o norteamericanos hubieran celebrado por todo lo alto esta epopeya llevada a cabo por un portugués y un español en una empresa financiada por la Corona española. Si hubiesen sido ingleses o norteamericanos estaríamos hoy felices y orgullosos de haber nacido en esos países. Todos los periódicos habrían mostrado un gran despliegue informativo y sus ciudadanos participarían masivamente en los actos conmemorativos. Incluso ya se habrían realizado varias películas épicas sobre esta hazaña.

Hablando de películas, sabían ustedes que Mel Gibson, una de las figuras más destacadas de Hollywood, reconocido actor, director y productor de importantes películas como ‘Braveheart’, ‘La Pasión de Cristo’ y el ‘El Patriota’, tras visitar el norte de España, en concreto Oviedo y Covadonga, elogió la figura de Don Pelayo, el primer monarca del reino de Asturias y figura clave de la Reconquista de España. Reconoció que le interesaba mucho su figura, ya que se cuentan muchas historias sobre leyendas y cosas que no son ciertas, y lo que hizo Don Pelayo fue un hecho histórico, no descartando la posibilidad de rodar una película sobre él, por considerarlo un relato muy atractivo. ¿Se imaginan ustedes por un momento que Gibson sacara adelante esta idea. La idea de explicar la esencia cristiana de nuestra civilización en los cines de todo occidente. La idea de reconquistar nuestra Fe, nuestros principios y nuestros valores, como un día se propuso Don Pelayo?

Ese mismo perfil bajo que estamos mostrando para la efemérides de la primera vuelta al mundo, se dio también este mismo año en el 330 aniversario del nacimiento de Blas de Lezo, insigne e invencible marino español, considerado como uno de los mejores estrategas del mundo, héroe de la defensa de Cartagena de Indias contra los ingleses.

Otro caso parecido, de héroe olvidado, es el de Bernardo de Gálvez, quien fuera virrey de Luisiana y que intervino de forma decisiva en la batalla de Pensacola, clave para la independencia de Estados Unidos frente a los ingleses. Bernardo de Gálvez, único español cuyo nombre figura en el Senado norteamericano, recibió en enero el título de ciudadano de honor de Estados Unidos, una distinción que solamente han merecido siete personas, entre ellas Winston Churchill y la madre Teresa de Calcuta. En la cámara del Capitolio cuelga un cuadro suyo. En Estados Unidos lo recuerdan más que en España.

Así que a nadie puede a extrañar también que muchos españoles no recuerden que el pasado 7 de octubre celebramos el 448 aniversario de la victoria de Lepanto. Según Miguel de Cervantes, que participó en aquella victoria como soldado de marina, “fue la más alta ocasión que vieron los siglos”. Europa no sería Europa si los españoles no hubiéramos estado a la altura. San Pío V atribuyó esta victoria a la intercesión de la Santísima Virgen, invocada en Roma y en todo el orbe cristiano por medio del Santo Rosario, quedando instituida la fiesta que celebramos ese día. Con ese motivo, fue añadida a las letanías la invocación Auxilium christianorum. Desde entonces, esta devoción del rosario a la Virgen ha sido constantemente recomendada por los Romanos Pontífices como plegaria pública y universal frente a las necesidades ordinarias y extraordinarias de la Iglesia santa, de las naciones y del mundo entero.

En España también sufrimos a esos pájaros de mal agüero que se empeñan en mostrarnos un país desastrosamente organizado. Sin embargo, la realidad es tal que por mucho que se empeñen acaba desmintiéndoles y haciéndoles caer en lo risible. Pues si ya no es noticia que se rompan los récords de turistas todos los años, cada vez hay más europeos que optan por vivir entre nosotros hasta el fin de sus días, e incluso vemos que hasta los delincuentes apresados prefirieren vivir en nuestras cárceles en lugar de pudrirse en las de su país, lo que muestra que España es un país moderno y avanzado que cuida los detalles y es más que respetuoso con los derechos humanos. Algo tenemos que estar haciendo bien para ocupar el primer puesto mundial en los trasplantes, dando prueba fehaciente de la generosidad de los españoles y de la eficacia de nuestro tratamiento hospitalario; el prestigio internacional ganado por nuestras grandes empresas de obras públicas, o nuestra esperanza de vida, situada con Japón a la cabeza del ámbito mundial. Y tantas otras cosas en las que los españoles somos ya ejemplares.

Así que aunque en los últimos tiempos percibamos cierta inseguridad sobre nuestro futuro como nación, debe ser una sacudida para que como ciudadanos españoles nos mantengamos unidos, no sólo por el hecho de tener una misma bandera y una lengua común que hablan más de 400 millones de personas en todo el mundo, sino porque detrás de todo esto hay unos ideales, unos valores que no podemos olvidar y que tenemos que transmitir a futuras generaciones.

Defendamos nuestra historia, la democracia de un país que hace unos años estaba dividido y que no podemos volver dejar herido. Practiquemos el patriotismo, una virtud cívica basada en el afecto hacia el país real, no hacia uno soñado: la España que conocemos, pluralista, diversa, de logros extraordinarios y, también, problemas serios.

Los españoles hemos heredado de nuestros mayores una cultura de un valor extraordinario. Ojalá nosotros seamos capaces de superar nuestros complejos y recuperemos el orgullo por nuestra nación y el respeto a nuestra propia historia.