Elisa Yagüe – En tus ojos

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Cada vez que me cruzo con alguna mascarilla andante por las calles de El Espinar me vienen a la cabeza estos versos tradicionales: “En tus ojos el cariño,/ en tus labios el desdén./Tus labios me dicen vete,/tus ojos me dicen ven”. ¡Lo elocuentes que son los ojos y cómo abrazan a pesar de la distancia! Y es que, con la mascarilla cubriendo media cara, no queda otra que mirarnos a los ojos para asegurar la comunicación: un saludo, una breve pregunta o una conversación de unos minutos. En todos los casos, buscamos los ojos para reconocernos y para entendernos.

Pero la resonancia de la copla también me lleva a los labios que alejan, y mi mente –ávida de analogías– empieza a maquinar. Pienso en el significado de desdén: “Indiferencia y desprecio hacia una persona o una cosa.” Y surge una nueva imagen: el desprecio (por no hablar de odio) que también se respira estos días hacia “los otros”. Esos “otros” que no piensan igual, que parecen lejanos, deshumanizados, caricaturas porque, por supuesto, los miramos desde arriba.

Y entonces, vuelve la imagen de la mascarilla: el utensilio que evita, en gran medida, contagiar y contagiarse. Ojalá existieran mascarillas que ayudasen a evitar el contagio del desdén (por no decir odio), ¿habrá jabón suficiente? Ojalá existiera –sigo con mi idea– una mascarilla que nos obligara a mirarnos más allá del espejo que dicen ser los ojos, a eso que llaman alma. Una mascarilla que nos obligara a reconocernos y a entendernos, porque, como diría Machado, “el ojo que ves no es/ojo porque tú lo veas;/es ojo porque te ve”. Tenemos dos ojos (y dos orejas): tal vez deberíamos mirar, escuchar, observar y reflexionar el doble de lo que hablamos, porque, además, con la mascarilla, las palabras se deforman.