Editorial – Un reto abierto a todos

La economía española está sufriendo en sus exiguas carnes el elevado coste que supone intentar detener un virus de naturaleza tan especial como el Covid-19. El Producto Interior Bruto se ha hundido entre abril y junio del 2020 el 18,5% con respecto al trimestre anterior. Y lo ha hecho después de experimentar otra contracción del 5,2% en el primer trimestre. Es la mayor caída en nuestra historia, solo semejante a la que se produjo durante la Guerra Civil, y la mayor también de las registradas a escala europea. A ello se une que posiblemente ya rondemos el 25% de tasa de paro y que el índice de actividad laboral marque que solo uno de cada tres españoles desarrolla un trabajo. La estructura de nuestra economía la hace especialmente vulnerable en estos ciclos tanto en lo que se refiere a la actividad productiva como al mercado laboral. La dependencia de sectores como el de servicios, la temporalidad de los trabajos –producida entre otras razones por esa dependencia sectorial señalada- y la dimensión de las mercantiles –con tan escasa liquidez como solvencia, y muy susceptibles a caídas en la demanda- son la causa de ese panorama que parece desolador.

Pero en economía todo está en continuo movimiento y las posibilidades de renovación son infinitas. Los empresarios españoles han demostrado en ocasiones difíciles ser especialmente flexibles para adaptarse a los cambios y capear las marejadas. Es más, han brillado más en épocas de vacas flacas que en momentos de opulencia. Lo han demostrado en la última década, cuando la economía española generó más productividad que cuando la burbuja parecía que nunca terminaría por estallar. Ahora, el Plan de Recuperación de la Unión Europea proporciona un instrumento idóneo para lanzar proyectos que encajen en la economía verde y en la transformación digital. Proyectos rigurosos que tiendan a cambiar el monocultivo productivo hacia iniciativas eficientes. Pero nada servirá si no hay una renovación en la otra pata de la economía: la formación. Solo esta es capaz de coadyuvar para conseguir empleos de calidad, ajustados a la demanda del mercado y de la propia sociedad. España tiene ante sí una oportunidad tan grande como enorme es el reto. Habrá que exigirles a las administraciones que cumplan su papel. Pero también tendremos que asumir todos que una parte alícuota de esa responsabilidad descansa en el ciudadano, en el estudiante, en el trabajador. Porque la tarea es de todos.