Editorial – Los charcos de Celaá

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La ministra Celaá tiene una propensión natural a meterse en charcos. Hace unas semanas fue la Audiencia Nacional la que suspendió la orden ministerial que regulaba el fin de curso; al poco, saltó la polémica que generó la distancia entre escolares; antes, el intento de permitir que los alumnos pasasen de curso de manera generalizada. Ahora, en lo que ni los más optimistas prevén que sea la última medida sujeta a discusión, los focos se centran en la intención de excluir a los colegios concertados de las ayudas destinadas a financiar las inversiones y gastos necesarios para paliar los efectos que en los centros educativos ha tenido y tendrá la pandemia de coronavirus. Bien es verdad que se trata de un borrador de conclusiones salido de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica de España, pero pocas dudas hay de la mano que mece la cuna con el inestimable apoyo en estas lides de Podemos y algunos otros partidos colaterales.

La exclusión de las futuras ayudas al 25% de los alumnos que en España reciben educación en un centro concertado, que, recordemos, no tiene por qué estar regido por una orden religiosa, además de una iniciativa de escaso calado democrático bordea si no se atenta directamente a dos de los artículos considerados pilares de la Constitución: el artículo 14, que proclama la igualdad de los españoles, y el 27, que reconoce el derecho a la educación y a la libertad de enseñanza. No se entiende el ejercicio de derechos y las libertades si no existen unos medios materiales para que se realicen y un régimen que excluya la discriminación.

En Segovia, son 3.500 las familias afectadas por una decisión que se adivina que tenga escaso recorrido final si no se quiere incendiar un modelo educativo que se estableció en 1985, precisamente bajo un gobierno socialista, y que hasta ahora ha funcionado con un más que notable nivel de eficiencia. Es fácil imaginar la carga que supondría para el sistema público de docencia la no concurrencia de los centros concertados, y más en momentos en los que se discute la ratio profesor alumno en las aulas. Esperemos que como en anteriores ocasiones se termine rectificando y que el enésimo charco no genere sino un leve chapoteo.