César Arcones – Canto de esperanza

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Enésimo conflicto entre RFEF y LNFS. Los organismos de los que depende directamente el fútbol sala vuelven a medirse(la) y, esta vez lo hacen a campo abierto, cual campa de Villalar, mientras el cadalso aguarda impaciente para ajusticiar a quienes justicia pidieran, ya sean de uno u otro bando porque nos hemos perdido en una batalla judicial con denuncias, recursos y demandas que para nada anticipan buenas noticias que pudieran plasmarse en un Canto de Esperanza interpretado con la maestría del Mester.

“Quién sabe si las cigüeñas han de volver por San Blas…” o si antes de esa fecha, perdidos en esa vorágine de tuits, retuits, likes, comunicados, reuniones y descalificaciones nos encontraremos con un futsal con mayúsculas (utopía), un fútbol jugado en una cancha de 40×20 metros(actualidad) o un futbito que enganchaba desde el primer minuto (añoranza).

Llámenlo como quieran ustedes pero desde ya pónganse al servicio de los que juegan en una pista azul o en una cancha de cemento, porque quizá han olvidado que ustedes están donde están porque sigue habiendo miles de niños y niñas que deciden jugar a este deporte, padres y madres que lo apoyan y entrenadores y entrenadoras que se dejan la vida para transmitir y formar en torno a este deporte en el que seguimos creyendo.

Sé que desde esos balcones es complicado asomarse a la realidad. Puede ser por vértigo pero eso puede superarse. Lo peor sería que fuera por indiferencia o desinterés. Quiero seguir creyendo que hay personas a tiempo de reconducir esta situación y que realmente quieren hacerlo.

Pregunten al maestro Candelas por la metáfora de ‘la percha y la papelera’ que debemos seguir a rajatabla los entrenadores cuando abrimos la puerta del pabellón. En ambos bandos, porque desgraciadamente debemos hablar en estos términos cuando estás obligado a posicionarte, hay exjugadores que son historia de nuestro deporte. A ellos me dirijo para que den ese paso al frente. Gracias a ellos somos la roja de las dos estrellas. Es el momento de dejar para otros los contratos, derechos de televisión y demás burocracia. Poned el sentido común, el mismo que demostrábais sobre la cancha y devolved a todos los se han hecho fotos con vosotros y pedido autógrafos esa admiración y confianza.

“Si los pinares ardieron, aún nos queda el encinar…”