‘Yo acuso’

Señor director:

Así rezaba la cartelera del añorado cine Cervantes hace ya muchos años. Era un día en que varios amigos, como era lo habitual, paseábamos por la Calle Real. Proyectaban una película con ese título. Después de leer la cartelera, entramos a verla. Fue hace mucho tiempo y nos sorprendió la relevancia de su contenido y el significado dentro de su contexto histórico. Se refería, como es de sobra conocido, al juicio contra el capitán Alfred Dreyfus –judío para más señas–, celebrado en Francia en 1894. Una carta abierta, escrita por Èmile Zola, presta su título a la película. Fue publicada en el diario L´Aurore de París el 13 de enero de 1898.

Pasados muchos años, con motivo de un trabajo que estaba realizando, me encontré con la tesis doctoral —ya del S.XX—, y el comentario de un estudiante parisino acerca de la escasa implicación de los intelectuales franceses en cuestiones de política. No se refería a su participación personal y directa, sino, al menos, manifestando sus opiniones de vez en cuando en los medios de comunicación, acerca de algún hecho a alguna circunstancia de actualidad, al igual que había hecho el escritor parisino.

Ocurre que, con frecuencia, estamos inmersos en un “totum revolutum” de manifestaciones, tanto en el Parlamento, como en los medios por parte de los representantes de los distintos partidos. Allí se refieren a las actuaciones de otros partidos o personas, tan sólo para censurarlos de forma un tanto subjetiva y parcial, sus pretendidos errores: economía, leyes en general, tribunales, aspectos personales, incoherencias, corrupción…; hasta insultos. Olvidando siempre a los ciudadanos, que han sufrido tanto y que tiene derecho a ser felices en su justa medida, siempre que ello sea posible. Y no satisfechos con eso, cada una de ellos busca, en un medio afecto, cómo insistir monotemáticamente en su discurso y descalificaciones.

No contentos con ello, cada cual tiene su foro preferido en esos medios. Allí manda a sus satélites –bien sea la radio o a la TV–, para que insistan en la manipulación ante los ciudadanos. Produce angustia ver y escuchar a tres o cuatro tertulianos, “expertos analistas políticos”, ante la misma mesa y sabiendo de antemano lo que va a opinar cada uno de ellos: nunca falla. Y así, poco a poco, van minando el pensamiento o la tolerancia de las gentes y provocando su enfado.

Aquel estudiante mencionado sugiere que de algún modo se impliquen los intelectuales de vez en cuando, manifestando sus opiniones como todos consideramos que son capaces de hacerlo: con la independencia que les proporciona la capacidad de un conocimiento objetivo. Pondrían las cosas en su sitio y, con certeza, sacarían de dudas a muchos ciudadanos. Pone como ejemplo a Zola y su ‘Yo Acuso’.

Actualmente, algunos de estos intelectuales suelen escribir en los medios de papel, pero también deberían acudir de vez en cuando a los otros medios de mayor difusión, para así evidenciar las torticeras formas de proceder en los encargados de las cosas comunes y de las opiniones de sus incondicionales. Así lo hizo el escritor francés y ya conocemos el resultado. Ayuden a la gente. Tienen derecho a ello. Sea la que sea su reacción consecuente. Dreyfus fue absuelto y algunos de los que salían a las calles con comportamientos claramente antisemitas, modificaron su conducta. Da pena pensar que Zola ya había fallecido.

Acababa de escribir este comentario, cuando leí el artículo de Muñoz Molina, publicado en El País el día 27 de septiembre: ‘La otra pandemia‘. No puedo sustraerme al hecho de acabar mi comentario con una de las frases que –del texto del escritor–, dicho diario ha tomado como subtítulo:

‘La política española es tan destructiva como el virus’.

Jaime Costa