Ubi Caritas, ibi Deus

Señor director:

Otra vez el confinamiento, otra vez solos, “buscando a Dios entre la niebla” (Antonio Machado). ¿Es qué Dios se olvida de nosotros, o es que nosotros nos olvidamos de Dios?
¡No!. Dios no se olvida de nosotros: aquí está con nosotros, los que estamos en una residencia de mayores, con las personas que nos cuidan, que entran y salen de nuestra habitación, que nos preguntan cómo estamos, que nos prodigan constantemente su ayuda, su cariño, su sonrisa cada mañana y con esa amabilidad que lo hacen todo, con tanta naturalidad que parece que no les cuesta trabajo, porque “es su trabajo”– dicen ellos- con el que se ganan el sueldo, y nosotros decimos que lo que se ganan es el cielo; porque con el sueldo se paga su tiempo nada más, el que emplean aquí y no en otra parte; pero no se paga el cariño, ni su sonrisa de cada mañana, ni el amor que sin decirlo nos hacen sentir.

Ese cariño que es expresión del amor al prójimo, o sea del que está cerca y nos necesita, próximo del que dicen las estrofas sublimes de ‘El Cantar de los Cantares’ que “es centella de fuego, llamarada divina, que no pueden anegarlo las aguas ni apagarlo los ríos. Si un hombre quisiera ofrecer todas las riquezas de su casa para comprar el amor, lo más que obtendría sería un profundo desprecio”.

Séame permitido, como residente y dependiente, expresar a todos los que me cuidan sin acepción de personas, clases, creencias o procedencias, nuestro más sincero agradecimiento.

¡Gracias!

Carmen Muñoz García