¿Hacia dónde vas Europa?

Señor director:

Recientemente ha caído en mis manos una entrevista que el cardenal Robert Sarah (subsahariano), concedió a la publicación francesa Valeurs Actuelles el 21 de noviembre de este año, con la que estoy totalmente de acuerdo y cuya lectura recomiendo.

Sus declaraciones han supuesto para mí, y supongo que para muchos, una cierta liberación, pues me cuestionaba sobre la autenticidad de mis sentimientos cristianos al no estar de acuerdo con la política migratoria de occidente y especialmente con la de mi gobierno.

Sí, me hacía sentirme mal al no estar de acuerdo con esta inmigración masiva e indiscriminada que lo único que consigue en la inmensa mayoría de los casos es hacinamiento y pobreza e incluso en algunos, engendrar enemigos para el propio país que los acoge.

Me hacía sentirme mal, máxime cuando desde algunos púlpitos se tachaba de malos cristianos a quienes así pensaban.

El origen de este problema viene de muy lejos.

La Iglesia se salva en parte, gracias a sus misioneros, que desde siempre, además de llevar la luz del Evangelio a esos pueblos, les ha ayudado en la medida de lo posible a llevar una vida más digna.

Ahora, se nos pide solidaridad con estos inmigrantes, pero, cuando se ha practicado la solidaridad con sus países de origen por parte de los países ricos, sus gobiernos y muchas grandes multinacionales para evitar llegar a esta situación, porque no solo no se han interesado en su desarrollo sino que en no pocas veces los han explotado evitando dicho desarrollo.

¡Estas son las consecuencias: inmigraciones masivas y sin control!

La caridad se impone cuando falta la justicia, pero a mi entender es mucho más importante practicar la justicia para que no sea necesaria la caridad, aunque ya nos lo avisó Jesucristo: “a los pobres los tendréis siempre entre vosotros”.

La política es una de las formas más eficaces de servir a las personas, pero cuando los gobernantes trabajan por la justicia y promueven la paz, pues de lo contrario, puede ser el medio más eficaz de esclavizarlas.

“La caridad ayuda a pasar el río a un anciano, pero la política construye un puente”.

A mi entender, una caridad realmente efectiva, sería, no solo ayudar, sino dejar de explotar a los países pobres, dificultando su desarrollo y evitando que sus habitantes se vean tentados a salir de sus hogares, pues nadie quiere abandonar su lugar de origen, y como dice el cardenal, “el árbol tiene sus raíces”.

En nuestra España, muchos jóvenes salen a buscar mejores oportunidades de vida a otros países, pero lo hacen de forma ordenada y legal.

Se dice que los musulmanes nos invadirán por el vientre de sus mujeres, pero al mismo tiempo occidente tendrá que admitir a este respecto, que si no cambia de rumbo, por su egoísmo y olvido de los valores cristianos, tendrá muy difícil evitarlo, aunque siempre nos queda el consuelo de que como dice Benedicto XVI, “el demonio no lo conseguirá”.

Vicente Robisco López, alcalde de Navares de las Cuevas (Segovia)