Gracias policía

Señor director:

Hace unos días, tuve la mala suerte de sufrir el robo de mi ordenador portátil, entre otras cosas. Como en muchos casos, en el ordenador tenía almacenado desde fotos a trabajos, pasando por recuerdos. En general, está extendido el uso de la nube y algunos de esos datos podría recuperarlos. También con una copia de seguridad podía tener cierta tranquilidad, aunque nunca está hecha suficientemente reciente.

Daba por perdido todo. El valor del ordenador no es comparable al valor de los datos que contenía. Me di cuenta de todo lo que tenía guardado. Y del tipo de datos que, por un lado, no podría recuperar y quedarían olvidados y, por otro lado, me creaba preocupación por saber qué podían hacer con ellos.

En general, todos mis contactos me tranquilizaban en el sentido de que el objetivo del robo no suele ser el uso de los datos, sino simplemente la venta del aparato. Aún así, ya ni recordaba si había usado ese “recordar contraseña” en email, redes sociales, webs de compras, webs de bancos… con lo que tuve que cambiar todas las contraseñas. Y aunque para entrar en el ordenador también se solicita contraseña, tenía claro que se puede traspasar y tampoco recordaba si solo había cerrado la tapa del portátil sin que fuera necesario introducir la contraseña.

Esta situación me causaba una intranquilidad importante. Por necesidad, tenía que comprar un nuevo ordenador y, sobre todo, por mis datos: su posible mal uso y la pérdida en muchos casos irreparable.

Y fue pasados pocos días, cuando una llamada de la comisaría, donde puse la denuncia, me empezó a dar esperanza. ¡Parecía que había alguna opción de encontrar mi ordenador! no lo podía creer. Y al final, ¡apareció!

Fui a recogerlo. Estaba intacto. Hay desgracias mucho mayores, pero la alegría de recuperarlo fue para mí indescriptible. El policía me contó el trabajo realizado y no tuve suficientes palabras para agradecerle el esfuerzo y la buena labor, además de que en todo momento me sentí informado y con un trato exquisito.

En este tiempo que nos toca vivir, las muestras de cariño, aprecio y agradecimiento se ven reducidas a meros gestos lejanos y carentes de la emotividad que nos caracteriza a los españoles. Por eso no quería dejar pasar la oportunidad de homenajear al colectivo policial que trabaja tan eficientemente, solucionándonos problemas, dándonos esperanza, creándonos un ambiente de seguridad y siempre con un trato cercano, humano y comprensivo. Y no solo por este milagro de recuperación de mi portátil, sino por todas sus responsabilidades y tareas más complejas y graves.

Rodrigo Santos Álvarez