Don Domiciano: un catequista excepcional

Señor director:

Los niños solo viven, no valoran las cosas como los adultos, a veces eso es una suerte y otras no.

Cuando yo tenía 9 años y me preparaba para tomar mi Primera Comunión, acudía a la parroquia de santo Tomás de Segovia junto con otros niños de mi colegio, el colegio Villalpando; fue entonces cuando tuvimos la suerte de que la catequesis de nuestra Comunión fuera impartida por un sacerdote nuevo , un coadjutor del párroco que se llamaba don Juan José, era don Domiciano, por lo visto era este su primer destino, tengo entendido, venía a ayudar al párroco, que contaba con una parroquia muy grande, tanto era así, que unos años después quedó dividida en dos y se creó la nueva parroquia del Cristo del Mercado.

Los niños que éramos nosotros, no sabíamos que teníamos delante a un catequista excepcional, pero algo intuiríamos cuando nada más que entraba don Domiciano por la puerta de la iglesia, le recibíamos con un fuerte aplauso, que él con su modestia quería acallar a toda costa.

Nos enseñaba a rezar y nos contaba unas historias de santos tan entretenidos y curiosos que no perdíamos la atención, generalmente no faltábamos a catequesis por nada.

En mi casa mi visión de don Domiciano era reforzada por mis padres que reconocían en él, no solamente a un párroco que lo era ya del Cristo del Mercado con un gran apoyo popular detrás, si no, y lo más importante a una gran persona, llevaba en su seiscientos a cuantos hubiera esperando en la parada del autobús, cuando en Segovia, sólo circulaba el autobús con destino a san José, la línea 1, hacía recados si era necesario, siempre tenía buena cara y estaba dispuesto a ayudar, pendiente de los enfermos y necesitados. Eso que fue en aumento por su parte y por los que le rodeaban.

Todos estos años que ha permanecido en la parroquia del Cristo ha sido un ejemplo de sacerdote y de ser humano.

Después yo me fui de Segovia, pero cuando le he necesitado de verdad siempre ha tenido conmigo unas palabras de aliento tan importantes y tan bonitas que me han servido y transformado en fuerza y valor para vivir.

Últimamente le recuerdo en una charla a la que acudió y después de que el conferenciante terminara de hablar el sacó sus apuntes y comentó y preguntó con esa sensatez y humanidad que se gastaba, nos dejó con la boca abierta una persona que nos ganaba en edad por muchos años a la mayoría, estaba verdaderamente lúcido y al día de todo.

Conozco a algunos de sus compañeros de docencia que hablan con mucho cariño y admiración de él.

Don Domiciano, ha sido un regalo para nosotros, para su ciudad, para sus alumnos y para todos los que le hemos necesitado en algún momento de nuestra vida.
Gracias a los promotores de la glorieta que felizmente llevará su nombre y al Ayuntamiento de Segovia por la merecida concesión.

PILAR ANTÓN PUEBLA