60 años ¡sacerdote!

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(Con motivo de celebrar las bodas de diamante, oro y plata sacerdotales)

Estoy entre los que celebran las de ‘diamante’. Jubilado hace pocos años. Me viene bien ponerme a escribir sobre este acontecimiento, tener la oportunidad de reflexionar hacer partícipes a los de más de un poco de mi vida. Una oportunidad para descubrir, cada vez mejor, a Dios en la historia.

Decía el Papa Francisco: “Hay que mirar al pasado con gratitud, vivir el presente con pasión, abrazar el futuro con esperanza”. Estas palabras me sirven de marco.

Hace pocos años dejaba la parroquia de Nuestra Señora del Carmen donde he permanecido durante cuarenta y ocho años. Sentimientos encontrados, despedidas, acomodarme a nuevas situaciones, preguntas… y en un acontecimiento sencillo encontré entre tantos sentimientos cual debía predominar. Subía por la calle San Francisco. Bajaban una abuela, una madre y una niña de unos tres años. Esta llevaba un pelotón entre los brazos. Se le suelta y corre tras de el, mientras le gritaban: “no corras que…”. Detuve el pelotón, llegó la niña, lo cogió y levantó la cabeza mientras me decía “gracias”.

Aprendí la lección, no me cabe sino dar gracias a Dios y a cuantos han vivido en mi entorno, sobre todo los que se ordenaron conmigo; muchos ya han pasado al Padre. En mi vida, como en todas, ha habido huesos duros de roer, querer hacer la voluntad de Dios haciendo la mía, muchos ‘porqués’… pero siempre queriendo ser puente entre los hombres y Dios. Siempre aprendiendo del amor a Dios, a dar y a darme. Vida larga y alegre. Gracias.

El presente con pasión. Lo sembrado seguirá creciendo. Pequeños trabajos, leer, oración y ayudar a los compañeros en cosas concretas. Ver un mundo que cambia pero al que amo, porque Dios también lo ama. Sacando la conclusión que los caminos de Dios son impredecibles pero a la vez perfectos.

Abrazar el futuro con esperanza. Mirando a mi vida, pero también a la iglesia, en concreto a mi diócesis, contemplándola con cierta tristeza: puestos y tareas vacantes… quién continuará….

Lo recordaba nuestro señor Obispo con motivo del Día del Seminario: “Lo diré una vez más: Segovia necesita urgentemente vocaciones al sacerdocio si queremos asegurar su supervivencia como comunidad creyente. Quien no quiera verlo está ciego y quien lo ve y se cruza de brazos, como si fuera un asunto ajeno, es que no valora su fe”.

Si, con esperanza. Lo diré con palabras-imágenes que leía no hace mucho tiempo, que acomodo a lo que quiero expresar, con las que me identifico y que resumo. Un peregrino pasó junto a un hombre, en quien creyó ver a un monje. Cerca de él otros hombres trabajaban en un edificio antiguo, de piedra. Temeroso le preguntó: “¿quiénes son esos que trabajan en ese caserón?”. “Son mis monjes, yo soy el abad. Estamos derribando esa pared”. “¿Pero no se derrumbará todo el edificio?”, dijo el peregrino. El abad no se hizo eco de esa pregunta pero el peregrino insistió: “¿por qué derriban esa pared?”. A esta pregunta el Abad respondió: “Para poder ver salir el sol”.

De manera parecida se expresaba el Papa: “permanecer, ser fieles, implica una salida. Se permanece en el Señor, justamente si se sale de sí mismo. La fidelidad siempre es un cambio, un florecimiento, un crecimiento”.

Alfio Ayuso Martín, Sacerdote diocesano.