Breves consideraciones sobre el incendio de La Granja y su extinción

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Sociedad Casterllarnau

Desde la Fuente del Infante a la del Chotete, pasando por el Morete y subiendo hasta los Poyales, el fuego ha quemado el paisaje de una reserva natural y borrado los senderos que recorríamos. El incendio ha llenado de pesar a toda la población de La Granja y Valsain, pero la emoción producida no debe impedir el análisis de la situación general en que se ha producido el suceso. Sin duda, el SEPRONA se ocupará de identificar a quien, por imprudencia o malicia, encendió la mecha y los tribunales dictarán la pena que le corresponda. Pero la respuesta y las reflexiones sobre lo ocurrido no se quedan ahí.

Que el primer gran incendio en estos montes desde hace décadas se haya producido a los pocos años de la declaración del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y a los dos meses de publicarse su Plan Rector de Usos y Gestión (PRUG) ha dado pie a las especulaciones. Estas alcanzan dos niveles.

En un primer nivel, se apunta a la incidencia negativa que la normativa del Parque Nacional tendría sobre los usos y oficios tradicionales del monte, cuya restricción habría contribuido a descuidarlo, al sacar del “Paraíso” a sus habitantes, como ha escrito con acento bíblico en El Adelantado nuestro cronista oficial, Eduardo Juárez, que denuncia también “políticas de gestión confundidas” señalando que “de todas las figuras de protección que nos han regalado en los últimos años… poco aporta a los verdaderos protagonistas de este maravilloso entorno”. (El Adelantado de Segovia, 9 de agosto). En esa dirección había apuntado ya una tribuna de Juan Carlos Domingo cuando el fuego todavía estaba activo (en El Adelantado de Segovia del 6 de agosto): “¿Si el monte estuviera igual de limpio que estaba hace años, cuando los lugareños vivían y trabajaban en él, los gabarreros, las limpias de leña muerta, buenos cortafuegos y caminos de acceso… se hubiera podido gestionar mejor el incendio provocado?” Aunque en forma de pregunta lanzada al aire (todavía caliente) la cuestión planteada por Domingo parte de dos supuestos que da por sentado: uno, que el monte ahora está más sucio que antes; y otro, que el incendio es “provocado”.

Estos artículos, y otros publicado estos días, contienen una crítica indudable a la aplicación de las normas que conlleva la declaración del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y del Área de Especial Protección de los Montes de Valsain. Estas normas se presentan así, mas o menos claramente, como el contexto que habría favorecido la propagación del fuego, antes incluso que otros factores como la sequía o las altas temperaturas (factores que se han dado años atrás, sin incendios). Conclusión : el Parque es culpable.

Pero volvamos al calificativo de “provocado” que Juan Carlos Domingo en su tribuna aplicaba al incendio, a los dos días de iniciarse. Realmente en aquel momento – y en el que escribimos esto – no existía ningún indicio de tal cosa, más allá del hecho llamativo de que una hora antes se hubiese iniciado otro incendio en la Morcuera. La coincidencia nos parece un dato relevante pero no suficiente, a pesar de la imagen dramática que forman las dos puertas del Parque (desde La Granja y Miraflores) ardiendo a la vez. La afluencia de excursionistas un domingo de agosto y el inicio de los dos fuegos al mediodía, en puntos no lejanos de núcleos urbanos, pueden apuntar a sendas imprudencias (un cigarro, una barbacoa) como causas de los dos incendios. Pero la hipótesis del fuego intencionado ha hecho fortuna con ese solo dato y se da ya por cierta.

Así pues, tenemos ya un Parque culpable y un fuego intencionado. Pasamos entonces al nivel dos de la especulación. Nos lo sirve J. García Herrero en el blog Acueducto2.com el pasado día 9, en su comentario “Fuego en la sierra”. Puesto a hacer conjeturas nos recuerda que este año tiene una particularidad : “el viernes 24 de mayo el boletín oficial de Castilla y León aprobaba el PRUG (Plan rector de uso y gestión) del Parque Nacional de Guadarrama” y añade : “Supongo que es una casualidad que se aprobase en mayo y se quemaran 400 hectáreas segovianas el 4 de agosto. El rumor va de boca en boca en las tertulias de barra del bar.” Y concluye : “Todo el mundo dice que los incendios se apagan en invierno. Casualmente creo que éste prendió y empezó a arder en la cabeza de alguien precisamente en invierno”.

De esta manera, en esta escalada especulativa, el Parque Nacional y su regulación habrían pasado de fomentar una situación de abandono que ha favorecido la propagación del fuego, a provocar el móvil que ha actuado en la cabeza de los incendiarios.

No sabemos si esto “va de boca en boca en las tertulias de barra de bar”, pero la Sociedad Castellarnau considera que estos análisis son una serie de despropósitos que no comparten la mayoría de la población de La Granja y Valsaín.

Para empezar por la hipótesis de la represalia, la solidaridad mostrada por toda la población con los efectivos que se esforzaban en la extinción del fuego, y luego afluencia masiva de voluntarios que se han ofrecido para las tareas de restauración de las áreas incendiadas, muestra a las claras el apego de todos los habitantes por sus montes y sus bosques, que hace inimaginable un sentimiento de destrucción como hipotética venganza. El móvil que haya tenido el supuesto causante voluntario del incendio pertenecerá al ámbito de los delirios o no, pero no le servirá ni como atenuante ante el juez ni como justificación ante los vecinos.

En relación con la crítica a las políticas de gestión del bosque o a las figuras de protección implantadas, consideramos que hay que distinguir dos planos, el normativo y el de su aplicación práctica. En el primero, las normas del P.R.U.G., cuya larga y minuciosa elaboración fue sometida a todas las administraciones y sectores afectados, ofrecen poco espacio para la crítica. No podemos aquí ser exhaustivos, por lo que nos limitaremos a recordar que el Plan Rector obliga a fomentar el mantenimiento del pastoreo tradicional (artículo 18.1), a cuidar la adecuada conservación de las vías pecuarias (18.5), a procurar la convivencia de aprovechamientos ganaderos extensivos con especies depredadoras protegidas (18.6) e incluso a valorar el pastoreo tradicional extensivo como posible herramienta en la prevención de riesgos forestales (18.2). En cuanto a los criterios de uso público y social del Parque, se favorecerán la accesibilidad universal y la seguridad, desarrollándose, en todo caso, de forma compatible con la conservación de sus valores naturales y culturales (22.1). Igualmente, se fomentarán las actividades relacionadas con la producción forestal, la agroalimentación, la artesanía, la elaboración o transformación de los recursos naturales o la comercialización de productos de la zona, etc (24.2). La cita de disposiciones se haría interminable: todas están muy lejos de buscar la expulsión de los habitantes del Paraíso.

Otra cosa es la aplicación de esas normas. Con seguridad esa aplicación será manifiestamente mejorable, en especial por lo que se refiere a la “zonificación” del Parque y la delimitación de las zonas de uso restringido, donde por las quejas que oímos se han limitado en exceso las áreas manejadas por las poblaciones locales. Confiamos en que, lo antes posible, esos errores se corrijan por la Administración gestora del Parque en coordinación con las administraciones locales y las organizaciones representativas de los sectores afectados. El capítulo de PRUG dedicado a la regulación de Usos y Actividades Compatibles (aprovechamientos ganaderos, gestión forestal, trabajos selvícolas) necesita un desarrollo sectorial consensuado.

Para terminar, queremos añadir una reflexión en cuanto a las labores de extinción del incendio. El esfuerzo realizado por todos los efectivos de extinción de incendios ha sido admirable, como lo ha sido la ayuda de los voluntarios locales. Pero ha sido precisamente la existencia del Parque Nacional lo que ha permitido movilizar un número de medios humanos y materiales extraordinario, lo que ha propiciado que efectivos de la Comunidad de Madrid trabajasen en la vertiente segoviana cuando el fuego en la Morcuera seguía activo, lo que ha provocado la actuación de la U.M.E., lo que ha movilizado un número de helicópteros e hidroaviones sin precedentes y lo que ha conseguido que el fuego no se propagase a zonas urbanas ni a áreas del monte con mayor capacidad de ignición. Sin el Parque Nacional y los medios que ha movilizado, el fuego habría llegado hasta el puerto de la Fuenfría.