Heliodoro Albarrán – Boxeo y literatura

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Me gusta el boxeo. Fui un entusiasta seguidor y admirador hace muchos años, cuando se podía seguir habitualmente por TV sin problemas. De los púgiles de antes me confieso seguidor, para siempre, de Cassius Clay, el más grande. Y también era seguidor de Sugar Ray Leonard, un “peso- medio” increíble. Y de los españoles, siempre tuve admiración deportiva por el hispano cubano José Legrá, un “peso-pluma” alucinante. Tuve la suerte de conocer uno de esos gimnasios, en Vallecas, que, en los 70/80 eran el comienzo de todo, el origen. Oscuridad, olor especial, ruido de golpes, conversaciones en voz baja y que luego leí maravillosamente contado en el libro de José Luís Garci “Campo del Gas”.

Y también recuerdo unas cuantas peleas históricas, inolvidables. Para los que quieran ver boxeo del bueno, les recomiendo cualquiera de las peleas de Clay contra Frazier o Foreman, están en la historia del boxeo mundial. Yo las he visto varias veces a lo largo de mi vida. Y recuerdo siempre una pelea, entre dos americanos, Hagler y Hearns, en 1985, que para mi es un increíble combate de boxeo. Fantástico. Y, para terminar, Sugar Ray Leonard contra Roberto “manos de piedra” Durán, panameño, “pesos-medio”, una serie de tres combates, uno en 1980, para mí de lo mejor de la historia.

Deporte. Sí, deporte, aunque algunos se empeñen en no querer reconocerlo en este mundo “líquido” en el que vivimos. Y olímpico. Dice José Luís Garci, que a él le llevaba su padre a ver combates y que “me enseñó a verlas venir, eso es la vida. Viendo esas peleas te dabas cuenta de que la vida se las trae. Pero también me llevaba al Prado y me daba a leer a Cela”. De acuerdo.

También dice “el bajón del boxeo está asociado al “buenismo”, a la exaltación de lo ligth, pero la vida en general no es ligth”. Dice el escritor segoviano Alberto Olmos que el boxeo es un disparate: poner a dos tipos a darse puñetazos hasta que uno de los dos caiga o un juez diga quién ha dado más, parece una exhibición de sadismo innecesaria. El propio Olmos se contesta “también hay quien considera infame tirar a una piscina a varias personas sin piernas y ver quien llega antes al otro lado, lo que tranquilamente incluimos dentro de los deportes paralímpicos”. Hay un poco de hipocresía creo yo, y de cinismo, como en el caso del diario El País que tiene prohibido informar de boxeo, según pone en su libro de estilo, porque es “sórdido”.

Más “sórdido” y cínico es poner en el artículo 1 de su libro de estilo que es un diario “independiente”. Sin más comentarios.

El mundo del boxeo, en toda su amplitud ha dado lugar a muchos libros, la épica de los combates, la vida de los boxeadores, todo lo que les rodeaba, ha sido argumento de literatura, de la buena en muchos casos. Digo yo: ¿hay algo más bonito que llamar al ring “cadalso encordado” (Manolo Alcántara)? Yo he repasado y he leído a lo largo de los años unos cuantos libros relacionados de una u otra forma con el boxeo. Estos son algunos.

El primero fue “Comedia Urtain”, del periodista deportivo José María García, libro producto de una investigación en la que nos explica cómo se fabrica un campeón a partir de un tosco levantador de piedras. Interesante documento de la España de los 70 y del mundo que rodea al boxeo.

“Campo del gas” de José Luís Garci. Relata sus recuerdos siguiendo y viviendo el boxeo de los años dorados. Peleas, boxeadores, periodistas, todo el mundo del boxeo contado por un gran aficionado y buen escritor. Gran libro para los que añoren esos años y para los que quieran conocerlos.

“La esfera y el guante” de Julio César Iglesias. Me confieso admirador de Julio César, de sus crónicas, de sus textos. En este libro se reúnen artículos de varios deportes, entre ellos muchos de boxeo, publicados en varios medios de comunicación españoles. Un libro delicioso muy recomendable.

“Panamá Al Brown” de Eduardo Arroyo. Excepcional biografía de uno de los mejores pesos gallo de la historia. “Un artista, un bailarín, un poeta”. Vivió al límite, ganó mucho dinero y lo derrochó con lo mejor de su época: Joséphine Baker, Coco Chanel, Maurice Chevalier… Muy buen libro.

“Rukeli” de Jud Nirenberg. Narra la vida de Johann Trollmann de raza gitana en la Alemania nazi. Desposeído de todos los títulos y excluido de los Juegos Olímpicos por su raza. Una vida de persecución y supervivencia gracias al boxeo. Una raza, la gitana también perseguida y llevada a los campos de exterminio y cuyo destino es menos conocido que la de los judíos. Interesante libro.

“Del boxeo” de Joyce Carol Oates. Es el último que he leído de boxeo y me ha encantado. La rareza de estar escrito por una mujer me llamó la atención. Es un grupo de textos que reflexionan sobre este deporte desde diversos ángulos. El boxeo como metáfora de la vida. Este libro es una delicia y aunque no te guste el boxeo, Oates te seduce, te convence.

“La dulce ciencia” de A.J. Liebling. Estamos ante algo muy importante, la revista Sports Illustrated le declaró como “Sin duda el mejor libro de deportes de todos los tiempos”. No lo se, pero me parece magnífico, indispensable para los buenos aficionados al boxeo y muy recomendable para los que quieran conocer ese mundo. Es una recopilación de escritos de la década de los 50 y cada uno de ellos es una pequeña historia con anécdotas, personajes, lugares, de todos los ámbitos del boxeo. Es el boxeo unido a una gran literatura.

Y me falta uno, “El silencio del héroe” de Gay Talese, para mi el mejor libro de deportes que he leído. El próximo día se lo cuento.

Literatura y boxeo, muy unidos. Tienen muchas opciones para disfrutar de muy buenos libros, si les gusta el boxeo, mejor, pero en todo caso, pueden saborear buena literatura alrededor de un deporte distinto. Lean cualquiera en un libro de verdad, no en uno digital y disfrutarán.

Al menos a mí me lo parece.