Arancha G. Herranz – Septiembre y el Caloco

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Septiembre, el mes que empieza con la “S” de Segovia, punto de inflexión en el calendario, en la estación veraniega, un aniversario, de cambios, de expectación, de fiestas en varios municipios de la provincia. Es para los espinariegos el mes en el que se abre y cierra el año, sin esperar a diciembre.

La semana del Cristo del Caloco, al que rinden tributo y devoción todos los que se sienten unidos de una u otra forma a esta tierra, religiosos o no, su bajada al pueblo se traduce en el acontecimiento más esperado, la cita más importante. Aquellos que pueden y se atreven suben a buscarlo a su ermita, a modo de acción de gracias después de los avatares de todo el año.

Otros, se conforman con recibirlo en El Portalón, un lugar entre lo sagrado y lo profano con el cementerio al fondo, un enclave en el que el júbilo y las lágrimas se hermanan tanto en la llegada como en la despedida, un sentimiento compartido por todos los allí congregados que sobrecogidos toman tierra cuando la imagen del Caloco regresa y se gira acompañado por los acordes de su banda de música, con sus melenas al viento y su traje carmín, uniforme inequívoco con el que nos aguarda y nos deja.