Antonio Horcajo – ¿Discapacitados? No, iguales

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Me ha tocado de manera directa conocer el mundo de la discapacidad humana, los que lo sufren y aquellas personas que tratan de paliar los efectos negativos de esa discapacidad. He entrado, además, en un mundo nuevo de expresiones distintas que definen circunstancias, motivaciones y personas que lo sufren. Acaso lo que más me ha impactado sea el encuentro con las sonrisas como manera de agradecer, sin palabras, de cuantos se ven ayudados por la solicitud y la solidaridad de otros, entendiendo erróneamente por mi parte, más que el significado, el concepto de generosidad que implican ambas palabras: Discapacidad versus solidaridad.

He sentido una cierta rabia interna, al rebelarme contra mí mismo por reconocer que no he sido tan paciente y tan entregado como, con la simple mirada, te pagan los atendidos.

He de inclinarme ante las cuidadoras y cuidadores, (yo he visto en esta tarea más mujeres que hombres) que con una profesionalidad sencilla pero perfecta, están siempre al pie del cañón, en lo que se requiere, acaso también, más paciencia que otra cosa. Reconozco que hasta que la vida me ha presentado esta situación, no digo que lo ignorara, sino que, ese vasto mundo de la discapacidad, pasaba ante mí con demasiada indiferencia.

Ahora me siento más ser humano, más consciente de lo que significa disfrutar de una calidad de vida libre, cuando otras personas están sujetas a la silla de ruedas, al andador, cuando no condenadas al lecho y sus efectos negativos por la continuidad no interrumpida. El deterioro de quien lo sufre es evidente. Todo ello ha sido, en mí, la consecuencia de haber entrado en un túnel cuya longitud no conocía, buscando salidas de emergencia o de urgencia que me aportaban luz para solucionar situaciones inesperadas con las que antes jamás me había enfrentado.

Así que, a amigo o amiga que lees, si estás inmerso en ese mundo te felicito, porque has entrado en un campo en el que el horizonte está lleno de satisfacciones personales, es como un yunque donde se forja la solidaridad, el cariño, la gratitud, el amor más grande incluso, hacia seres que han encontrado o encontrarán en ti el resorte que dispara sus sentimientos y emociones más humanas.

Solo un pero. He encontrado, en los niveles más altos de los responsables, la expresión más egoísta, cuando se trata del sector de la atención privada. Hay personas en esos niveles que les gusta escucharse a sí mismos, que se consideran salvavidas, cuando no son más que meros burócratas. Son gentes sofisticadas, a veces prepotentes con los asalariados, poco sinceras y en las que sobresale su preocupación única por los rendimientos de su gestión. Afortunadamente para todos el prestigio les viene del servicio, el trabajo, la cariñosa dedicación y la paciencia de quiénes merecen la gratitud de todos nosotros, responsables de los niveles de eficacia, que todo funcione a la perfección, luego los médicos, enfermeros, cuidadoras (en todos los sectores ellas y ellos), en un ejército de gentes luchadoras y que se desviven por los que lo necesitan. A todos ellos en nombre de esa sociedad civil de la que formamos parte y que tan conformista se está haciendo, sencillamente gracias.