Antonio Casado – Trump y la campaña del 10-N

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Tres señales emiten los desquites arancelarios de Estados Unidos contra la Unión Europea. Dos, en perspectiva internacional. Y una tercera en perspectiva nacional, la que nos permite detectar la irrupción de Donald Trump en la campaña del 10-N.

Me explico:
Por un lado, estamos ante el enésimo golpe al multilateralismo, en forma de dosis de recuerdo respecto a la nueva cultura política instalada en la Casa Blanca. Por otro, reconfirmamos que la UE ya no es el histórico cómplice político, ideológico, económico y militar de EE UU, sino un adversario más.

Y vamos con la derivada española. Nuevo elemento de prueba sobre los nubarrones que se ciernen sobre la economía nacional en vísperas de las elecciones generales. En este caso, un duro golpe a nuestro sector alimentario. Por ser precisos, a nuestras exportaciones de vino, aceite, jamón y queso, que figuran entre los trescientos productos importados desde Europa por el mercado americano.

Detrás hay algo más que el interés de EE UU por defender lo propio atacando lo extraño. Toda la vida se llamó proteccionismo comercial. Pero aquí y ahora hemos de sumar a la vieja querencia proteccionista otros dos vectores a cuál más inquietante: el supremacismo americano y el narcisismo del personaje. También estos dos elementos cuentan en el plante o los plantes de Donald Trump ante el tribunal de arbitraje de la Organización Mundial del Comercio.

La batalla peligrosa. Puede provocar una interminable guerra comercial de imprevisibles consecuencias en una dinámica de acción-reacción entre los grandes bloques mundiales de poder económico. Así que conviene apostar por el acercamiento de posiciones cuando las delegaciones europea y norteamericana se reúnan el próximo día 14, cuatro días antes de la fecha anunciada para la entrada en vigor de los nuevos aranceles. Se trata de un comité creado para resolver las diferencias entre las partes. Y esperemos que el sentido común se imponga a la hora de suavizar las medidas o limitar su alcance.

En cuanto a la derivada española, poco o nada podemos hacer unilateralmente. Nuestra postura solo puede ser la de recostarse en la que adopte Bruselas. Pero el asunto va a entrar sí o sí en la campaña electoral del 10 de noviembre, como una prueba más de la que se avecina en el terreno económico.

El PP lo utilizará hasta la saciedad presentándose como la fuerza política llamada una vez más a ejercer de socorrista en tiempos de crisis. Lo comprobaremos con las intervenciones de sus dirigentes en la convención económica convocada para este fin de semana en Córdoba.