Ángel González Pieras – Lo que temen los bancos

Tengo el privilegio de mantener una larga conversación con un ilustre bancario que fue en el pasado y hoy dedicado a otros quehaceres. Está muy preocupado —y quién no— por la situación económica del momento. Explica algunas de las afirmaciones realizadas en los últimos días desde esta tribuna: “Es cierto que las entidades financieras están seleccionando a los clientes a quien aplicar los avales gubernamentales; hay un pavor por los índices de morosidad. Y no tanto por el consumo de capital, que también, sino por los recursos que hay que aplicar después en intentar recuperar lo que ha caído en mora por el sistema elegido de ´pari passu´ y, sobre todo, por la imagen del sector. En cuanto rebase el 6% la tasa media de morosidad —antes de la crisis estaba en el 4,79%—las alarmas se encenderán y los valores en Bolsa volverán a caer, y los compradores de saldo estarán al acecho. Algunas entidades acaban de salir de un rescate; se ha reestructurado el sector; todavía está reciente la caída del Popular, y el Santander, el banco que más cuota tiene en la concesión de avales entre el conjunto de entidades financieras, no ha terminado de digerir su absorción. Mira su cotización en bolsa antes de la crisis. El valor de la acción no lograba alcanzar los 4 euros; se recuperaba con oscilaciones, pero sin despegar; hoy cotiza a 2,21 euros. Y no olvides que aún queda alguna que otra fusión para que se cierre un proceso que dura ya siete años. No es por lo tanto momento de asumir riesgo de dudosa calificación y más después de haber suspendido el pago de dividendos extraordinarios. Puede resultar muy duro lo que te digo, pero es más asumible que algunas empresas cierren que el sistema financiero español en su conjunto vuelva a sufrir un terremoto y se ponga en duda su solvencia ante el mercado”.

A ver. No vamos a caer aquí en la demagogia populista que cree que detrás de cada banco —con independencia de lo impresentable que hayan resultado unos cuantos de sus gerifaltes, sobre todo en algunas politizadas cajas: insisto, algunas, otras como Ibercaja o Unicaja o La Caixa están demostrando su fortaleza y bien hacer —hay un señor con sombrero de copa, levita y puro: un capitalista depredador y salvaje. El rescate bancario supuso salvar a millones de ahorradores que tenían en depósitos, fondos de pensiones, fondos de inversión o valores bursátiles el dinero de su vida. Y coincidido con mi interlocutor en que el Gobierno ha puesto un caramelo envenenado en la boca de la banca: la posibilidad de incrementar su negocio —su activo— con préstamos que gozan de una cobertura que va desde el 80% —a pymes y autónomos— al 70 y 60% a grandes empresas. Pero que entraña los riesgos que dice el ex bancario. Es lo que tiene entrar en el carrusel: aceptas lo bueno y apechugas con lo malo. Por eso nosotros abogamos desde el principio por un Fondo de Liquidez para Empresas a imagen y semejanza del Fondo de Liquidez Autonómica creado tras la crisis del 2008.

¿Por qué se ha apostado entonces por este sistema basado en la intermediación financiera?: por demorar el déficit público y así retrasar lo más posible el momento de acudir al endeudamiento. El aval es un producto mercantil y financiero que evidencia un riesgo, pero que no consume recursos hasta que deviene la contingencia y el asegurado no cumple con sus obligaciones ante el prestamista, que ejecutará entonces al avalista. El Gobierno teme que entre la crisis sanitaria y la financiera el déficit se le dispare del 2,4% inicial y que el endeudamiento suba de treinta a sesenta puntos porcentuales sobre el PIB porque hasta el presente la respuesta de la Unión Europea ha sido más rápida que en el 2008 pero igual de timorata.