Ángel González Pieras – Las pérdidas del Santander

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Un ministro dicharachero decía que el termómetro de la salud económica del país eran El Corte Inglés y el Banco de Santander. El Corte Inglés ha podido restaurar su caja con un crédito mil millonario avalado por el ICO. Ayer, el banco presidido por Ana Botín anunciaba unas pérdidas contables de 10.798 millones de euros en el primer semestre. Dicho así, en frío, puede parecer una barbaridad, aunque lo es menos cuando se atiende a que las pérdidas son producidas por el saneamiento contable de la entidad, que nunca está de más en una empresa para ajustar el valor de sus activos al valor real de mercado y por lo tanto para que sus cuentas sean una radiografía exacta de realidad económica y financiera de la empresa. Más preocupante es que el valor de sus acciones haya caído el 50% en poco menos de dos años, que mucho es.

En realidad, el beneficio recurrente del banco –que indica la verdadera capacidad de generación del negocio- es de 1.908 millones de euros, y otra tanta cantidad que espera generar en el próximo semestre, que no obstante no impedirán que las pérdidas contables se contabilicen al final del ejercicio. Lo que ha hecho el Santander es proceder a una actualización del fondo de comercio de sus inversiones y llevar a pérdida directamente los en su día famosos activos fiscales diferidos. El monto total de esta actuación es de 12.600 millones de euros. Al ser actualización de activos no tiene incidencia en la liquidez de la entidad aunque sí en el valor de esta expresado en diferentes ratios.

La primera actuación se refiere a aquellos activos en su día adquiridos por encima del valor del mercado y que se pensaba en su día rentabilizar gracias a la gestión del propio banco. Esa intangibilidad que componía el fondo de comercio se ha ido al traste por la caída del PIB mundial –es lo que dicen-, aunque fueran muchos los analistas que criticaron en su día la actuación de los Botín en Reino Unido, Estados Unidos y Polonia, lugares en donde se han ubicado los mayores fiascos del Santander, ahora saneados.

Los activos fiscales diferidos jugaron en el pasado un importante papel para mantener la capitalización de la banca: en noviembre del 2013, el Gobierno permitió mediante un RDL utilizar esa argucia contable para sostener la capitalización cuando afloraron pérdidas que consumían patrimonio y el recurso al capital externo era muy incierto.

El Santander ha provisionado también 7.027 millones para insolvencias de su activo comercial –clientes- para prevenir futuras incidencias y morosidad, aunque su ratio esté en el 3,28%. Es prudente la medida. La morosidad está ahora cubierta por las distintas medidas del Gobierno –en junio, incluso bajó-, pero aflorarán cuando estas dejen de tener eficacia.

Reseñable es también la fórmula ideada para sortear la ridícula prohibición del BCE de repartir dividendos con cargo al ejercicio 2019: el scrip dividend. Por cada acción se pagará 0,10 céntimos pero no en dinero, sino en acciones. Faltan por ver los detalles, entre ellos la valoración de la nueva acción, pero algo es algo. Aunque sea menos que los 1,6 euros que promete Endesa para el 2020.