Ángel González Pieras – La tropa naranja

En la hora en que escribo esta crónica todavía no hay acuerdo en el Eurogrupo sobre las ayudas financieras por la crisis sanitaria y el parón económico del Coronavirus. Parece que no se discute la cantidad ni los instrumentos en el corto plazo, sino si se van a emitir en el futuro –el procedimiento es complejo- los coronabonos, el destino final de las ayudas y el grado de condicionantes y prescripciones que tienen que cumplir los países receptores. Esta primera cantidad va a rondar los 500.000 millones de euros, y saldrá preferiblemente del Mecanismo de Estabilidad, de créditos a empresas por el Banco Europeo de Inversiones y del Fondo de Reaseguros destinado a cubrir la cuantía de los ERTES de los países afectados. Este es el estado de la cuestión. Afirmado lo anterior, tan estúpido es maldecir a la Unión Europea por sistema como hacer un análisis simplista y desconfiado sobre la capacidad de gestión de los posibles receptores, en especial de España e Italia. Vayamos por partes.

Que los mecanismos de seguridad están activos lo demuestra la comparación de la prima de riesgo de España (diferencial entre el bono español y el alemán a 10 años en el mercado secundario) con las tasas soportadas en la crisis que tuvo su origen en el 2008. El 12 julio del 2012 la prima de riesgo española alcanzó los 610 puntos básicos. Ayer, se fijó en los 114 puntos. Y ello se debe básicamente a la compra de bonos españoles –incluso con interés negativo- por el Banco Central Europeo.

Dicho esto, parece maniqueo, arbitrario y poco solidario tachar a los países del Sur de no haber cumplido sus deberes y de tener descontrolado el déficit público. Hay que recordar que gran parte de la subida sustancial del endeudamiento español –deuda/PIB- provino del rescate bancario, dado que se exigió por Alemania que se acometiera con dinero público para evitar el drenaje de liquidez en el mercado. Es cierto que en el ejercicio pasado el déficit español aumentó hasta el 2,7% sobre el PIB, cuando existía el acuerdo de no pasar del 2%, que es lo que creció la economía nacional. Pero no deja de sorprender las exigencias de Holanda sobre sus colegas del sur cuando ella realiza un “dumping” fiscal escandaloso. El Parlamento europeo tildó su normativa tributaria como una de las “que facilitan la planificación fiscal abusiva en el mundo”. Se estima que solo a España le detrae un 4% de la recaudación del impuesto de sociedades. Por otra parte, este país –repito, Holanda- se salta a la torera el límite del 6% de superávit en la balanza por cuenta corriente –saldo entre las exportaciones e importaciones- establecido por la UE, subiendo en el 2018 hasta el 10,8%, cuando lo curioso es que el 40% de lo que importa va destinado a la reexportación, encareciendo por lo tanto su precio de origen con una actividad que no genera valor. ¿Y son estos los que dan lecciones de ética pública? No se libra de la crítica Alemania, el país más beneficiado de la apertura de mercados y de la implantación del euro.

En casa, el presidente del Gobierno anunció ayer la liberación del siguiente tramo de 20.000 millones de avales. Los bancos están eligiendo a los beneficiarios entre su cartera de clientes y mirando con lupa la clasificación de su riesgo. Así, una sociedad en “crisis latente”, no en suspensión de pago o morosidad, que la propia norma excluye, sino que tenga simplemente un préstamo proveniente de una antigua reestructuración y no esté amortizado es excluida de la financiación avalada. ¿Era esta la ayuda salvadora? 122.000 empresas han echado ya el cierre; y a este paso no serán las únicas.