Ángel González Pieras – Bicis y locomotora

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En la temporada 2011-2012 la estación de esquí de Sierra Nevada facturó 30,4 millones de euros. Sin embargo, el impacto en la economía de la zona, es decir, el valor añadido bruto que generó, alcanzó los 157 millones de euros. De esos 157 millones, 124 se residenciaron en el entorno de proximidad, mientras que 32 millones repercutieron en un escenario lejano, en ocasiones incluso más allá de los límites nacionales. Quiere ello decir que de cada euro que se gasta en la propia estación se produce un efecto palanca o multiplicador por un coeficiente de 4 en el entorno inmediato y 5 si se contabiliza el remoto. El estudio sobre la estación andaluza lo realizó Eseca, empresa consultora con gran experiencia en estas lides.

El informe que para el Plan Estratégico de la Nieve de Aragón se encomendó en 1997 a un equipo del Centro Politécnico Superior de Zaragoza elevaba algo más el efecto multiplicador (el coeficiente era 9), pero en última instancia la conclusión era la misma y reflejaba la fuerza de una estación de esquí como locomotora económica de un territorio.

La Pinilla es posible que no posea en invierno esa incidencia en la economía de la comarca puesto que el 98% de su clientela procede de Madrid, por lo que las pernoctaciones son escasas y los consumos o se realizan en la propia estación o en el trayecto, pero a cambio en verano posee un índice de riqueza generada en el entorno próximo superior al de sus colegas españolas, no en vano posee el Bike-park con mayor afluencia del país. En la temporada estival han existido fines de semana en los que la procedencia lejana (más de hora y media en coche) subía al 40%, lo que en muchos casos obligaba al alojamiento en las cercanías. En el año 2018 la visitaron de todas las comunidades autónoma de España, con la excepción de Melilla, registrándose incluso una notable concurrencia portuguesa. El efecto llega hasta Segovia. Y es lógico: cuando termina el horario de funcionamiento, las 18.00 horas, todavía al día le quedan horas para el asueto, cosa que no ocurre en invierno.

El usuario del Bike-park es generalmente hombre de 25 a 40 años y con un gasto medio que ronda los 100 euros al día. Aunque no lo parezca, es una actividad que requiere más desembolso que el esquí, y solo hay que comparar los precios: mientras que unos esquíes de alta gama no sobrepasan los 1.000 euros, una bicicleta de descenso o enduro puede superar fácilmente los 6.000 euros, a los que sumar casco integral, peto, rodilleras, gafas y coderas. Para La Pinilla está actividad ya no es residual, sino que al cuadruplicar su facturación en poco más de una década se ha convertido en una actividad complementaria capaz de minorar los efectos de una mala temporada de nieve, y a veces casi a sustituirla en el mismo invierno, como ha pasado desgraciadamente este año.