Ángel Galindo – Somos vecinos más que ciudadanos

145

Ante la crisis producida por este bicho del coronavirus, la población está diciendo que somos vecinos más que ciudadanos. Desde el siglo XIX, tanto el liberalismo como el marxismo, impulsados por la industrialización económica, a los seres humanos los convirtieron en ciudadanos e individuos. Sin embargo, el pueblo ante esta epidemia se está comportando como personas y como vecinos.

Desde ahora, nada volverá a ser igual en la política, la economía y la sociedad española. Es un tiempo que marcará el inicio de los nuevos años veinte del siglo XXI y en las crónicas de la globalización, habrá un antes y un después de estas semanas. Como es difícil hacer previsiones y pronósticos, es importante que vayamos refrescando la memoria con cuestiones básicas y recordemos que si Ortega y Gasset viviera estos días de moderada reclusión nos diría: “Yo soy yo y mis vecinos”.

Nuestra identidad ahora está marcada por vecinos del barrio, la finca, la urbanización o el pueblo. La prohibición de grupos, aglomeraciones y reuniones no está impidiendo el encuentro entre vecinos. No hace falta medir las distancias porque hablamos con una fruición insospechada desde la escalera, las ventanas o los balcones. Nunca como ahora estábamos tan contentos de tener vecinos y no estar solos. El encuentro o simple saludo entre vecinos se ha convertido en una experiencia humanizadora.

Sin llegar a convertirnos en amigos, hemos descubierto que somos mucho más que ciudadanos. Este encuentro entre vecinos siempre ha sido importante en la historia del pensamiento moral y político: recordemos que la amistad cívica de Aristóteles o todo el republicanismo de Cicerón a Vives, no se entendería sin esta experiencia originaria de proximidad vecinal, base de civilidad y civismo.

Precisamente lo que hoy llamamos capital social o ética civil sería impensable sin este encuentro vecinal. Entre el ámbito familiar y el político hay un tercer e inexplorado territorio que es el ámbito vecinal. Y estos días lo estamos recordando cuando recuperamos el valor distanciado del saludo y transformamos aquella España de las banderas y manifestaciones en la España de los balcones y los aplausos a los sanitarios.

La vecindad es la que al fin ganará la batalla y solucionará este problema. La responsabilidad personal manifestada entre la ayuda vecinal y la solidaridad juntamente con el sacrificio de perder cierta libertad permaneciendo en casa y en familia es ejemplo de la vida social.

La vecindad forma parte de lo que hoy se denomina el tercer sector. Esta gripe ha puesto en funcionamiento a los grupos que forman el cosido de la sociedad: familias con convivencia amorosa, voluntarios con ayuda desinteresada, conventos de clausura con oración y fabricación de mascarillas, banco de alimentos repartiendo generosidades. ongs, profesionales de la sanidad, asociaciones, Concejos, la sociedad civil.

Un lugar significativo lo ocupan las familias. En los hogares familiares se han montado centros de ocio, escuelas de formación, rincones de oración, encuentros de diálogo. En las casas se han organizado y distribuido tareas para la compra, la limpieza, la selección de los bienes que sirven y no sirven. En la familia hemos aprendido que todo es relativo en función del cariño entre todos los miembros.

Como todo encuentro emocional y luminoso tiene un sorprendente despertar. Descubrimos a miles de ancianos que están solos, a pacientes crónicos que no pueden salir a la farmacia para reponer sus medicinas. Incluso a miles de personas viudas, divorciadas, separadas o solteras que esos días sólo pueden conectarse y apenas si pueden comunicarse. Es tiempo de una reciprocidad básica y originaria que no es la del intercambio mercantil o de la prestación de servicios básicos de justicia. Es tiempo de la ayuda generosa.

Es la hora de lo esencial: la vecindad. Lo político y los políticos pierden su valor a pesar de que utilizan los medios para limpiarnos la conciencia. Somos vecinos más que ciudadanos. Los poderes políticos buscan la estadística basada en el número de individuos y ciudadanos para permanecer. La sociedad civil prefiere mirar a los vecinos y a las personas. No todos viven en la ciudad (ciudadanos). La mayoría vive en las casas entre los vecinos cuyo ejemplo más claro se encuentra en las actividades vecinales de los pueblos. ¡¡viva la vecindad!!