Ángel Galindo – Santería y sincretismo religioso

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Dentro de la religiosidad popular extendida en nuestra España a través de las fiestas populares, procesiones, caminatas de san Nicolás o peregrinaciones, se va introduciendo un estilo religioso y cultural que se acerca en algunos casos a la llamada santería y en otros al sincretismo religioso.

En principio, es preciso distinguir piedad popular de religiosidad popular. La primera está compuesta de un conjunto de devociones que ayudan al fiel creyente a profundizar en su fe como el rezo del rosario, las jaculatorias, las novenas a los santos. En el segundo, la religiosidad popular, se refiere a la celebración de ritos religiosos, ordinariamente públicos relacionados con las tradiciones practicadas tanto por creyentes como por ateos.

De la piedad popular desviada surge la santería, por ejemplo el culto a san Pancracio en tiendas y en pequeños centros comerciales. Esta es una práctica que nace durante el régimen colonial al referirse a ella como culto “lucumí”, “amigo mío”. Se la denominó despectivamente “santería” por los españoles para burlarse de la aparente devoción excesiva que mostraban los seguidores a sus santos.

Este término se ha difundido alrededor del mundo, aunque también con otra acepción: “santero” es la persona que confecciona las imágenes de los santos católicos o cuida de un santuario promoviendo la piedad popular en torno al santo devocional.

Sin embargo de una religiosidad popular manipulada por razones políticas, ideológicas y económicas surge lo que se ha venido en denominar sincretismo religioso. Según la antropología cultural se trata de un intento de conciliar doctrinas distintas.

También se utiliza, en alusión a la cultura o la religión, para resaltar su carácter de fusión y asimilación de elementos diferentes. Por ejemplo, encontramos un sincretismo religioso actual cuando los políticos, ayuntamientos, o el comercio quieren usar la religión para intereses políticos o provecho económico, bien como forma de comerciar, bien afirmando que la religión es un elemento cultural que depende del Estado o del gobernante de turno. Franco lo utilizó y ahora lo hacen con frecuencia los políticos cuando afirman que el templo es del pueblo y se usa para todo.

Por otro lado, desde el ámbito católico esperábamos que la emigración, especialmente hispana, promoviera una religiosidad popular que ayudase a liberarnos, con ayuda de la teología de la liberación y de las comunidades populares, de los poderes absorventes del capitalismo liberal y del socialismo totalitario. Pero vemos que hispanos y africanos se acomodan rápidamente al sistema esclavizante de los europeos introduciendo un nuevo sincretismo.

El sincretismo religioso es un proceso, generalmente espontáneo, consecuencia de los intercambios culturales acaecidos entre los diversos pueblos. En algunos casos, se debe a una intervención oficial, ayuntamientos o poderes ideológicos, como sucedió con el dios Serapis.

Es un proceso en el que se intenta superar una situación de crisis cultural o religiosa producida por la colisión de dos o más tradiciones religiosas diferentes o por una tradición religiosa y el laicismo ateo de la sociedad actual. Es un intento por conseguir que dos o más tradiciones culturales diferentes sean capaces de crear un ámbito de cohabitación en armonía: esto sucede, por ejemplo, cuando un ayuntamiento quiere presidir la misa del pueblo o dirigir la procesión del santo.

Para entender su profundidad debemos distinguir previamente entre la experiencia religiosa de los católicos y la experiencia cultural del pueblo. Debe entenderse que la esencia no se encuentra en la forma de un rito, sino en su significación sin confundir la significación con el significado del culto.

De esta manera, el sincretismo no es un proceso automático fruto del diálogo o de una puesta en común. La realización del sincretismo religioso no surge del acuerdo sino de la cohabitación y a veces de la imposición por parte del poder. El momento en el que dos culturas diferentes se encuentran cara a cara está provocando continuos conflictos en nuestros pueblos.

Durante la fusión no se produce ningún cambio en ninguna de las tradiciones: la religiosa y la política. Se produce un ajuste exterior, que se puede realizar de forma rápida, ordinariamente impuesta por el poder político, pero no supone un paso sólido. El objetivo último del sincretismo es alcanzar la asimilación religiosa, pero para ello siempre es necesario la acomodación.