Ángel Galindo – La cárcel para “curas”

Durante los últimos años, los propulsores de la llamada memoria histórica van metiendo en la misma túrmix al franquismo y a la Iglesia católica. Sin embargo, la memoria real demuestra caminos poliédricos diferentes.

Es historia, difícil de olvidar, la creación por parte del régimen de una cárcel para curas. No se trataba de nombrar a sacerdotes como capellanes de la prisión, sino de encarcelar a los curas. Estaba situada en Zamora.

Se mandaba encarcelar a los curas porque algunos de ellos junto con algunos comunistas y numerosos laicos cristianos se opusieron al régimen desde el principio de la dictadura, aunque la oposición más fuerte se desarrolla desde principio de los años cincuenta hasta la muerte de Franco.

Desde el comienzo del régimen, algunos obispos fueron expulsados fuera del país o amenazados de expulsión. Algunos ejemplos fueron: Vidal y Barraquer, Cardenal de Tarragona. el obispo de Vitoria y el mismo Añoveros, obispo de Bilbao.

Es un hecho histórico cómo el obispo de Segovia, Antonio Palenzuela, después de visitar a alguno de sus sacerdotes segovianos (Francisco García Salve, en concreto) encarcelado en la cárcel para curas de Zamora, hizo unas declaraciones en un hospital en Valladolid en contra de la situación de esta prisión. Esto tuvo como resultado la continua presencia de un policía en los templos donde el obispo celebraba, para grabar sus homilías.

También, entonces, diversos sacerdotes segovianos sufrieron la vigilancia y grabación de las homilías en numerosas parroquias de la Diócesis. La vigilancia de los viajes de aquellos sacerdotes en sus salidas fuera de la provincia o en las reuniones de sacerdotes, como fue un caso en la casa de espiritualidad de las Navillas, era frecuente.

A numerosos sacerdotes, críticos al régimen, les era difícil exponer los valores evangélicos en las homilías, en la catequesis o como profesores de religión. De hecho, estos se vieron privados de su categoría profesional (PNN) y tratada su enseñanza como catequesis, y con la congelación de sus nominas desde el año 1964.

En este contexto, se explica cómo en universidades católicas como la Pontificia de Salamanca, donde estudiaban alumnos procedentes del mundo rural y de familias pobres, se organizaban grupos de presión en contra del régimen manifestándose públicamente delante de los “grises” mientras los hijos de los algunos falangistas vivían cómodamente como alumnos en universidades estatales.

La cárcel para curas fue efecto de otro episodio de gran importancia: las relaciones entre el dictador y el papa Pablo VI no fueron muy cordiales. Siendo cardenal de Milán, posteriormente Pablo VI, escribió una dura carta a Franco, ante las penas de muerte que dictó contra tres presos políticos. Después, le amenazó con la excomunión por este motivo, como lo hiciera el cardenal Tarancón ante la expulsión de Añoveros.

Asímismo, ante el privilegio, subscrito en los acuerdos Iglesia-Estado de 1952, para el nombramiento de obispos en cuya elaboración de la terna Franco intervendría, el papa Pablo VI a través del Nuncio Dadaglio, después del Concilio Vaticano II, comenzaría a nombrar obispos auxiliares, proceso no contemplado en los Acuerdos. Desde este proceso, se potenciaría la intervención de Tarancón y el cardenal Marcelo para promover el cambio político que desembocaría en la instauración de la democracia.

Es cierto que la manipulación de la iglesia por parte del vencedor y la cercanía de esta al régimen, inmediatamente después de la guerra, eran frecuentes. Entraba dentro de la lógica de las relaciones de la iglesia, como elemento de la sociedad civil, con el Estado y el Gobierno: Los comunistas habían asesinado a más del 70% de los sacerdotes y obispos en varias regiones españolas. Desde aquí se entiende el maridaje Iglesia-Estado durante los aproximadamente quince años primeros de la dictadura. Pero la Iglesia y los cristianos no bajaron la cerviz ante el dictador. Como consecuencia, nacería la cárcel de Zamora para los peligrosos y desagradecidos curas.

Mientras otros grupos políticos desaparecieron de la vida política durante la dictadura por diversas razones, la Iglesia y algunos comunistas trabajaron desde la clandestinidad por erradicar los males que nacían del franquismo (puede verse el contexto católico del nacimiento de Comisiones Obreras). No reconocer esto es signo de de ignorancia o de propaganda ideológica en contra de la Iglesia católica.