Ángel Galindo – El obispo

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Durante los últimos días ha corrido la noticia de que al obispo de Segovia le hacían una revisión médica. Las miradas de numerosos ciudadanos se fijaron en la figura del obispo. Unos como miembro significativo de una diócesis, otros como personaje público y seguramente que otros como una persona con cierto poder olvidando que en el ámbito de la salud y enfermedad es una persona normal.

La praxis normal del obispo al pasar por una revisión médica, como cualquier otro ciudadano, y la expectación provocada nos obliga a preguntarnos, ¿qué es un Obispo y cual es su función? La respuesta es diferente si se hace desde dentro de la Iglesia o si se plantea desde fuera. En el primer caso, un obispo se considera como miembro de una comunidad de vida que se llama Iglesia. Esta es una forma de vida y no una forma de gobierno. Por tanto la figura del obispo no es la de un gobernante como no lo es la de un padre que pertenece a la familia como forma de vida.
Quien piense que el obispo pertenece a un sistema de gobierno llamado ‘eclesial’ similar al poder democrático, monárquico, republicano, considerara a un obispo como un jefe de gobierno. Pero en este caso estaría muy lejos de conocer la realidad e identidad de un prelado.

Los obispos pertenecen al grupo de los que poseen, por la sucesión apostólica, el “carisma de la verdad”. Lo primero que tenemos que decir es que se trata de un sucesor, aún histórico, de los doce Apóstoles de Jesús, que compartieron su vida desde su Bautismo en el Río Jordán y fueron testigos de su resurrección.

Al ser sucesor de los doce Apóstoles de Jesús, se le encomienda una porción de la grey del Señor, a la cual se la llama diócesis, o arquidiócesis, en cuanto varias diócesis se unen para su mejor labor evangelizadora en Provincias Eclesiásticas.

Al frente de este grupo está la Arquidiócesis. Por ejemplo, Valladolid es una Arquidiócesis, de la que forman parte varias diócesis: Salamanca, Ciudad Rodrigo, Ávila, Segovia. Éstas diócesis son sufragáneas de Valladolid, es decir, dependen de su jurisdicción, aunque no en todo, sino en la organización de algunas tareas comunes o eventos. Quien está al servicio de una Arquidiócesis presidiéndola, se denomina Arzobispo, que no es más que un Obispo en cuanto al sacramento del orden que recibió, pero con mayor capacidad de jurisdicción.

Todo Obispo es representante de Jesús Resucitado en su diócesis. No son representantes del Papa, que en cuanto al sacramento del Orden es un Obispo igual que ellos, sino del mismo Jesús en el lugar que les ha sido encomendado, aunque para serlo auténticamente deben estar en comunión con sus demás hermanos Obispos y con el Obispo de Roma.

La sucesión apostólica es ese proceso ininterrumpido de comunicación del servicio apostólico y episcopal a través de los tiempos, hasta llegar, desde los doce Apóstoles de Jesús, hasta los Obispos de hoy que viven en comunión entre ellos y con el Santo Padre.

Los Obispos, como tienen la plenitud del sacramento del orden sagrado por la sucesión apostólica, pueden administrar válidamente el sacramento de la Confirmación (plenitud del Bautismo), y el sacramento del Orden Sagrado en sus tres grados (diáconos, presbíteros, obispos).

Por eso, el obispo distribuye los sacramentos bien directamente o a través de los sacerdotes. Hace la visita pastoral a cada parroquia y es el que preside la confirmación como tarea propia. Procura que los tres servicios de la iglesia, la caridad, la enseñanza y el culto lleguen a todos los rincones de la diócesis. Se puede decir que sin el obispo no hay Diócesis.

De forma especial en la visita pastoral que suele hacer cada dos o tres años, se muestra el gran afecto obsequioso que el obispo recibe de sus fieles. En dichos encuentros, habla a pie de calle con los feligreses, catequiza y dialoga con niños y jóvenes, visita a los enfermos y ancianos, se reúne con los grupos parroquiales y dialoga con las autoridades que tienen a bien saludarle. El obispo es un pastor que se desgasta con la preocupación diaria por la salud espiritual y humana de sus diocesanos.