Ángel Carlos Hernando – Domingos de ocio

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La idea de abrir las instalaciones deportivas parece novedosa, pero no deja de ser un formalismo que en cierto modo ya se da. Lo interesante sería determinar cuál es el objetivo. Si se orienta a facilitarla la práctica deportiva, poca solución aporta, porque ésta tiene que ver exclusivamente con las preferencias de las personas; si se dirige a una mejor distribución de las horas de ocupación, tampoco solucionará mucho, ya que lejos queda la saturación de las diferentes pistas en los días de ocio. La apuesta por el deporte sigue siendo una asignatura pendiente para las instituciones políticas como a si lo demuestran los presupuestos que éstas elaboran, salvo para situarse en la foto del deportista exitoso como si se hubiera contribuido a tal triunfo. En la década de los ochenta esta cuestión de la apertura no se planteaba porque los domingos eran días deportivos por excelencia. Ya entrados en los noventa tampoco fue una necesidad ya que la sociedad fue imponiendo otro estilo de vida. No obstante la escasa apertura de las instalaciones, en días festivos, pudo contribuir a que se usaran menos. Pero claro ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Lo cierto es que gestionar las instalaciones de otra manera, porque abrir ya se abre, sirve poco si no va aparejado de un cambio en los hábitos sociales más propios de otra época y eso requiere tiempo y una apuesta decidida por el deporte.