Al obituario Escrito por José Luis Salcedo

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Señora directora:

Me sorprende la lectura del obituario de un conocido figonero segoviano recién fallecido. En vez de resaltar los méritos hosteleros del finado, el escribidor centra su texto en un único tema: el proyecto de construcción de un aparcamiento en la antigua finca de Santos Cerezo Santiuste, situada al pie del acueducto. José Luis Salcedo, el ingeniero, enfatiza su papel en la elaboración de un informe, hasta tal punto que el finado pierde el protagonismo en su propio obituario. El articulista yerra al atribuir la génesis del citado plan urbanístico al “Lute”.

Nobleza obliga. El objetivo de este escrito consiste en dejar claro que mi abuelo, Santos Cerezo, fue el padre de la idea primigenia de edificar dicha infraestructura en la finca de su propiedad. Cuántas veces me contó su proyecto, desde mi más tierna infancia. También sonreía cuando nos recordaba la cifra irrisoria que el figonero le ofrecía por aquel potosí, cuya extensión rondaba los seis mil metros cuadrados. Mi abuelo fue un visionario. Por aquel tiempo, mi padre se reía de aquella idea, planteando con ironía que allí cabía todo el parque automovilístico de la provincia de Segovia.

Santos Cerezo también propuso el establecimiento de la estación de autobuses en aquel solar. Los proyectos diversos de mi abuelo solo recibieron varapalos por parte de los diversos alcaldes de la dictadura. Que se lo pregunten al periodista Miguel Velasco, quién siguió con gran interés toda aquella pugna frente a “Leviathan”. Por cierto, un edificio de bella factura con seis viviendas, construido por mi abuelo en 1953 al pie de la loba capitalina, sobre una edificación anterior de su propiedad, fue expropiado y demolido. La indemnización recibida fue exigua.

Salcedo, el ingeniero, cita a dos individuos de cuyo nombre no quiero acordarme. En una ciudad donde el talento empresarial era un recurso escaso, la huerta de mi abuelo se convirtió en algo así como un trofeo de caza a conquistar. A partir de tantos sinsabores, en su ancianidad mi abuelo procedió a la venta de la finca en aquel año aciago de 1989. Todas hieren, la última mata.

A modo de epílogo, cabe destacar que el ingeniero Salcedo no parece haber ejercido como flaneur en su ciudad. No se construyeron “chalets”. Por el contrario, se edificó una urbanización con edificios de dos y tres plantas en la calle Gascos.

SERGIO PLAZA CEREZO, Profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid