ÁNGEL CARLOS BONICUELLAR

¿En qué se puede creer cuando se deja de creer? No me refiero a una cuestión teológica; el propio Dios me libre de la fe la fe que cada cual profese, sino a algo más terrenal. Reflexionando sobre la continua gresca en cual se encuentran instalados nuestros gobernantes y donde se diluyen las soluciones a los problemas de unos ciudadanos cada vez más incrédulos, ¿de verdad no hay nada en lo que gobiernos y oposiciones estén de acuerdo? No se olvide que ambos rigen nuestros intereses. Es evidente que renta más electoralmente el alboroto que el consenso, sea cual sea el nivel administrativo. No hay posibilidad, salvo milagro divino, de concordia. Siendo así, lo lógico es que el ciudadano deje de creer y se vaya alejando incluso de aquellos que en teoría comparten tendencia ideológica. Dos ejemplos cercanos. Por un lado, la gestión de los terribles incendios que estamos padeciendo en la comunidad son un drama en el terreno y pobre espectáculo en el debate político. Por otro lado, lo que ocurre en los plenos de un pueblo como el nuestro, donde las posturas deberían estar más que cerca, invita a creer que estamos más próximos a la resignación que a la rebelión. Las oposiciones equivocan su papel, pero es que los gobiernos obvian cualquier tipo de explicación coherente.