Acerca de la ‘Tardebuena’

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Señora directora:

Soy una segoviana, que vive fuera desde hace 50 años en un país europeo, profesora por más señas, pero que siempre ha vuelto a su querida Segovia, bien con sus alumnos, con su familia, o sola.
Desde que estoy jubilada paso de cuatro a cinco meses en Segovia repartidos entre Navidad, Semana Santa y Verano. Pero, además, sigo el día a día segoviano leyendo El Adelantado a través de internet.

Estoy ya de regreso en mi residencia habitual, un poco alejada en fechas de los acontecimientos que me impulsan a escribirle y que tuvieron lugar en mi última estancia en la ciudad. Me refiero al BOTELLÓN de la “Tardebuena” como les gusta llamar a unos o “del solsticio de invierno” como prefieren otros, prestos a trastocar los nombre que dan sentido a nuestras tradiciones.

Vergüenza ajena ha sido el sentimiento dominante que tuve y que aún me dura: que un Consistorio organice, autorice o permita un botellón en la Plaza Mayor de la ciudad, patrimonio de todos, ya es una vergüenza por sí sola. Me consta que existe una ordenanza municipal que prohíbe el consumo de alcohol en lugares públicos, y la calle lo es, a cualquier ciudadano. Pero, que ese botellón esté lleno de menores con sus “litronas” y, aún peor, que haya no pocos padres con sus niños que parecen querer que las “buenas costumbres” arraiguen cuanto antes en sus hijos es una vergüenza aún mayor. Si a esto le añadimos la imagen de numerosas calles adyacentes a la plaza mayor, incluidas paredes de la catedral, con ríos de orines, que dejaron una secuela de suciedad y malos olores tenemos completa la imagen de esas calles y de la hermosa Plaza Mayor Segoviana, sembrada de rastros de botellas rotas, plásticos y demás suciedades propias de un “imprevisto” evento de esta naturaleza.

Ningún respeto por la ciudad, ningún respeto por sus habitantes que, poco a poco la abandonan en beneficio de comercios de baja calidad, franquicias que se pueden encontrar en cualquier parte del mundo. Como ejemplo, “la calle Real” donde pronto no habrá más que hamburgueserías, pizzerías, fritangas de salchichas y patatas, bocatas, chuches y otros semejantes manjares.

¿Dónde están los guardianes de esa calidad de vida de la que nos sentíamos tan orgullosos en Segovia, y de la que presumíamos ante el foráneo?

Un turismo barato y masivo, una manifiesta dejadez y una inexplicable permisividad están destruyendo esa calidad sin que los que tienen que velar por el buen orden y la belleza de la ciudad hagan nada por impedirlo. Esos horribles comercios-franquicias hacen su negocio sin que les importe mucho o nada el detrimento de nuestra ciudad.

Señora directora de El Adelantado de Segovia, dejo a su juicio, publicar esta carta o, tirarla a la papelera. Yo debía escribirla por el amor que siento por mi ciudad y porque sé que muchos segovianos piensan como yo, pero que no escriben porque: “a ellos les conocen” según se justifican. Si yo pudiera hacer otra cosa, lo haría.

Ascensión Llorente Coco