Zapatero anuncia una subida de impuestos «limitada y temporal»

No concreta qué tributos crecerán, ni cuanto, pero anticipa el fin de su medida estrella de 2008

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Como habían anticipado tanto el ministro de Fomento y número dos socialista, José Blanco, como la vicepresidenta y jefa de Economía, Elena Salgado, la solución del Gobierno para poder seguir manteniendo el gasto en estos tiempos de crisis consistirá en pasar la factura a todos los españoles, probablemente en mayor medida a aquellos con rentas medias. Así lo anticipó el presidente Zapatero en su primera comparecencia tras las vacaciones veraniegas, durante la cual, tras insistir en la cada vez menos creíble teoría de que lo peor de la recesión ha pasado, se descolgó con el temido anuncio de ajustes y «subidas» de impuestos, que serán «limitadas» y, en algún caso, «temporales».

El líder socialista, que no dio pista alguna sobre cuáles serán los tributos afectados, ni en qué cuantía, sí permitió atisbar un escenario desesperanzador, puesto que, a la hora de justificar la nueva vuelta de tuerca recaudatoria, argumentó que la presión fiscal actual es la más baja desde 1995 y está «siete puntos por debajo de la media europea», que podría ser la referencia a alcanzar.

El primer zarpazo será, con toda probabilidad, para liquidar la rebaja de 400 euros en el IRPF, que fue vendida el curso pasado como la medida estrella contra la crisis y para «aliviar» a las familias y que, ahora, es necesario modificar, porque «hay margen» debido a la bajada sustancial de los tipos de interés. No se alterarán, sin embargo, otras ayudas, como los 2.500 euros por nacimiento o adopción.

Tras pronosticar que quedan por delante «meses difíciles» en los que las cifras del paro alcanzarán nuevos récords, el leonés ofreció diálogo a los mismos agentes sociales a los que hace no muchas semanas acusaba de una intransigencia insuperable, así como a los partidos, especialmente al PP, al que pidió «responsabilidad para trabajar en favor del país».

El siguiente recado fue para la CEOE, a la que advirtió de que la reforma del mercado laboral que reclaman los patronos «no tiene visos de prosperar», si bien anunció que en «la primera quincena de septiembre» se retomarán las negociaciones con los empresarios y los sindicatos, aunque, matizó, esa cita «no será para hablar de las diferencias que provocaron la ruptura de las negociaciones en el pasado mes de julio».

Durante una rueda de prensa tras el primer Consejo de Ministros, Zapatero, que también trató de tranquilizar a la sociedad con respecto a la inminente epidemia de gripe A, ofreció a la oposición un pacto educativo y otro en materia energética, convencido de que ambos campos deben ser los principales pilares «un futuro económico sostenible».

En cuanto a la polémica y quizá inminente sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, el jefe del Ejecutivo reclamó a las formaciones políticas «calma» en espera de una resolución que, «por supuesto, el Gobierno acatará».

Además, aunque tampoco quiso concretar absolutamente nada, sostuvo que «podría» reunirse con el líder de la oposición, Mariano Rajoy, en las «próximas semanas».

Todavía más de puntillas pasó por el escándalo del espionaje ilegal al PP y, con la misma superficialidad que despachó las demás cuestiones, se limitó a confiar en que todo se quede «en el mes de agosto».

La comparecencia de ayer debía haberse celebrado el pasado 31 de julio, pero, tras el asesinato de dos guardias civiles por ETA en Mallorca, debió posponerse entonces. Quizá de ahí que el inquilino de Moncloa no se olvidase de la lucha antiterrorista. Su mención fue para presumir de que la localización de 14 zulos de la banda en Francia ha supuesto «el mayor golpe material» asestado a la organización criminal «en los últimos años».

También recordó a los tres miembros de las Fuerzas de Seguridad asesinados y reiteró su «determinación inflexible» para terminar con los asesinos. Además, resaltó la labor del lehendakari, Patxi López, para acabar con los espacios de impunidad de los proetarras, que se traducirá en la retirada de todos los símbolos de exaltación.