«Vivimos en un mundo que a veces no te deja encontrarte a ti mismo» (II)

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Quizás la autenticidad y la verdadera felicidad estén en lo más sencillo, en lo más cercano.

Estoy absolutamente de acuerdo con esa idea, es quitar la cáscara porque lo que importa es el fruto; el envoltorio muchas veces nos marea, nos distrae de lo esencial, porque lo que buscamos para ser felices suele ser muy sencillo y a veces está en cuatro cosas muy simples.

En sus canciones reivindica también muchas veces la importancia del silencio: «palabras que son cansancio», «déjame desnudo de palabras».

Entiendo que vivimos en un mundo muy agitado, muy frenético, muy vapuleado, donde a todas horas, estés donde estés y aunque no quieras, oyes anuncios, publicidad, ruidos. No paramos de hablar y a veces ni siquiera puedes encontrarte a ti mismo porque por mucho que intentes buscarte te interrumpe el móvil, muchas veces con llamadas insulsas, innecesarias, estúpidas; no reniego de la tecnología, que tiene una parte muy positiva, pero creo que hay a veces un lastre en su uso excesivo. Por eso entiendo un poco esa filosofía de otras culturas y de modos de vida que se están perdiendo de valorar el alejamiento, la soledad, la calma, de poder tener un momento monacal, de respiro, un fin de semana de descanso, porque eso creo que aporta muchísimas cosas, te enseña a conocerte más a ti mismo y a valorar cosas que en el vértigo diario de las prisas ni te fijas. Creo que realmente necesitamos un tiempo para el respiro.

También habla en sus canciones de Dios desde perspectivas nuevas, el «doctor Noestamossolos» o ese «misterioso alfarero», ¿hay un cierto sincretismo religioso en sus canciones?

Posiblemente sí sea así, porque yo creo que en la vida hay que buscar asideros, y si buscamos un sentido a la vida, a este ser que somos sobre la faz de la tierra, al final volvemos a lo básico, a lo más cercano. Y sí creo que hay unas zonas abisales, un mar profundo que a veces es terrible, damos manotazos para saber qué tenemos arriba y abajo, de dónde venimos, esas cuestiones constantes desde que tienes uso de razón, y creo que las religiones tienen una parte terapéutica y una parte de saneamiento espiritual. Ante los que piensan que no hay nada detrás de todo esto, yo quiero pensar que sí que hay algo, y lo que hay, para mí, es válido y me sirve. ¿Qué hay para mí? Tú mismo, y tu posibilidad de dar luz, porque el ser humano tiene esa dualidad luz-sombra, ese punto malévolo-benigno de tener una cara luminosa y otra más oscura, y cultivar esa parte luminosa y pensar en ofrecer lo mejor, pensando que no sólo haces un bien a los demás sino que también te lo haces a ti mismo, son cuestiones casi religiosas.

¿Ha descubierto usted para qué sirve una hormiga?

Claro que sí (ese es el título de una canción del disco Enemigos de lo ajeno, el segundo de El último de la fila). Hay una parte surrealista en la vida que algunos cultivamos y que nos es útil también como parte de esa religión de no buscar explicaciones a lo que no tiene explicaciones, sino simplemente disfrutar de ello o alejarse de ello si no es bueno, saber que está ahí.