Unos obreros hallan un zulo de ETA en Madrid que podría llevar varios años inutilizado

Las Fuerzas de Seguridad descartan que el escondite fuera usado en el último atentado en la capital, que tuvo lugar en el parque Juan Carlos I

Unos obreros hallaron ayer de forma fortuita un zulo de ETA cerca de la carretera A-6, en las proximidades de Madrid, en cuyo interior las Fuerzas de Seguridad encontraron dos pistolas y diverso material explosivo que está siendo minuciosamente analizado.

Fuentes de la investigación explicaron que en el escondite, hallado al derribarse un muro durante unos trabajos de construcción que se realizan en el lugar, los agentes localizaron un recipiente con el anagrama de ETA que contenía una cantidad indeterminada de una sustancia en polvo.

Tras una primera inspección, los expertos consideran que el refugio llevaba varios años abandonado por la banda.

De confirmarse este extremo, el zulo no habría sido utilizado para cometer el último atentado perpetrado por ETA en Madrid, la colocación de una furgoneta-bomba en el parque Ferial Juan Carlos I en febrero, que no causó víctimas pero sí daños materiales.

El vehículo, una Peugeot Partner cargada con unos 80 kilos de explosivos, fue robada apenas unas horas antes en la localidad de Navalagamella, a no muchos kilómetros de donde ahora ha sido hallado el escondrijo.

El último zulo localizado por las Fuerzas de Seguridad fue encontrado también el pasado mes de febrero en la localidad guipuzcoana de Ordizia. En aquella ocasión, el hallazgo también fue fortuito, cuando una persona que paseaba por una zona boscosa, descubrió que había un bidón semienterrado, por lo que avisó a la Ertzaintza. El escondite estaba abandonado desde hacía al menos una década y guardaba en su interior más de ocho kilos de dinamita francesa caducada y en muy mal estado, una pistola, cartuchos, detonadores antiguos, manuales de la banda terrorista, así como pasamontañas y pelucas.

Además, un artefacto pirotécnico de fabricación casera explosionó parcialmente ante la puerta de la casa de un agente de la Ertzaintza en el municipio vizcaíno de Baracaldo y causó daños en la entrada del piso.

Cuando el policía autonómico salía hacia las 07,30 horas de su domicilio descubrió los restos de la pequeña bomba, que estaba compuesta por una botella con líquido inflamable, pólvora y varios petardos, y los desperfectos ocasionados en la puerta de la vivienda.

Las reacciones no se hicieron esperar, empezando por el lehendakari Patxi López, que expresó su «condena más absoluta» por este atentado, para añadir que estos ataques «lo único que consiguen es que nos reafirmarnos» en la lucha contra la violencia.

Por otra parte, la alcaldesa de Hernani (Guipúzcoa), Marian Beitialarrangoitia (ANV), fue condenada a un año de cárcel y siete de inhabilitación por exaltar el terrorismo al haber pedido el 12 de enero de 2008 un aplauso para los etarras Igor Portu y Mattin Sarasola, presuntos autores del atentado en la T-4 de Barajas. La política abertzale no ingresará en prisión al ser la pena inferior a dos años de cárcel y tampoco quedará inhabilitada porque la sentencia todavía no es firme, ya que cabe recurso ante el Supremo.

La guerra de los jueces contra los asesinos cerró también otros dos capítulos. La Audiencia Nacional condenó a 12 años y medio de prisión a los presuntos autores del asesinato del concejal de UPN José Javier Múgica, Andoni Otegui Eraso y Óscar Celarain, por colocar una bomba en los juzgados de Tolosa (Guipúzcoa) en agosto de 2002, que finalmente fue desactivada.

Además, Baltasar Garzón envió a la cárcel a Andrés Arrue Ayuso y Jokin Cerain Alvarado, detenidos el martes en Vitoria por participar en varios actos de violencia callejera, entre ellos el sabotaje a un repetidor de telefonía.