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Un triángulo trágico: el profesor, la rumana y el marroquí

El 18 de febrero de 2020, M. no sabe qué puede estar pasando porque su padre no contesta a sus llamadas telefónicas. Hace tan solo unas pocas semanas ha tenido una angina de pecho y teme que puede haber sufrido otra crisis. Coge las llaves del piso donde reside desde hace unos diez años, desde que sus padres se separaron, en la calle Pepe Blanco número 9 de Logroño, y al llegar llama insistentemente al timbre sin obtener respuesta. Emplea sus llaves y entra. Lo primero que ve es un rastro de sangre en el pasillo y ya en la cocina ve a su padre que yace en el suelo. Cree que puede tratarse de un desmayo, y, alarmada, llama a SOS Rioja. Los sanitarios son los primeros que se presentan, intentan unas maniobras de reanimación, pero lo único que pueden hacer es certificar la muerte del hombre. A la llegada de la policía comunican a los agentes que lo más probable es que se trate de una muerte violenta.

El hombre es Pedro José Sáez Alfaro, de 73 años, jubilado, doctor en Filología Románica y escritor. Había ejercido como profesor en Zaragoza y en Bilbao antes de dar clases durante catorce años en el Instituto Hermanos D’Elhuyar de Logroño. Había sido también profesor asociado en la Universidad de La Rioja y había escrito varios libros: “Tu siempre serás mi esperanza”, “Cornago, su geografía, su historia y su folclore” (en este pueblo riojano había nacido en 1945), “La naturaleza, los animales y las cosas” y un poemario titulado “Yo nunca olvidaré lo recibido”.

Era un hombre corpulento, afable, con vocación docente, al que sus alumnos llamaban “el oso” por su apariencia física y su voz potente. Alumnos y compañeros profesores le recordaban con afecto y entre sus paisanos riojanos era un hombre reconocido y apreciado.

EL “CRIMEN DEL PROFESOR”
Se trataba de un crimen que conmocionó a la ciudad de Logroño, un crimen en que las circunstancias que rodeaban la muerte violenta del profesor no encajaban en algún tipo de móvil que pudiera dar sentido a lo sucedido y contribuyeran a tirar del hilo de las investigaciones. Las relaciones que mantenía con su exmujer y sus hijas era excelente, no tenía enemigos, sus vecinos hablaban bien de él, su entorno era de lo más normal. Todo contribuía al desconcierto en las pesquisas policiales, a las que bautizaron como “Operación Letras”.
La puerta de la vivienda no había sido forzada, luego el profesor franqueó la entrada a su asesino que probablemente sería alguien conocido, apenas había rastros ajenos a la víctima en la escena del crimen, el análisis de las llamadas de su teléfono móvil no daba pistas. Así transcurrieron unos cuantos meses. Sin avances en la investigación.

SESENTA MIL EUROS
La policía encuentra por fin una pista de dónde tirar. El profesor tenía pendiente un juicio fijado para pocos días después de su asesinato en el que acusaba de estafa a una mujer rumana, Loredana, de 38 años, que había sido empleada de la limpieza en su casa y a la que había prestado cerca de sesenta mil euros en varias entregas bajo la promesa de que se lo iría devolviendo. La mujer se arriesgaba a una condena de entre 4 y 6 años de cárcel y a una fianza de 50.00 euros.
Si, como la prensa de entonces recogía y así constaba en el sumario, había habido una breve relación sentimental entre la rumana y el profesor, por razones más que obvias nulas posibilidades tenía éste de desmentirla. Su familia la negaría y solo ella en el juicio, defenderá esa relación.
La investigación sobre esta mujer reveló que con anterioridad había tenido otras denuncias por estafa. Las circunstancias eran muy parecidas a las que habían concurrido en su relación con el profesor. Se trataba de víctimas mayores a las que engatusaba y les pedía dinero. Un asunto tan viejo como la Humanidad.
En el momento del crimen ella se encontraba en Madrid, pero mantenía relaciones con un hombre marroquí, Karin, de 33 años, que sí residía en Logroño. Este se había esfumado de la ciudad apenas dos días después de la muerte del profesor con destino desconocido.
La conclusión que recogía el sumario del caso era que Loredana había actuado como inductora del crimen y el marroquí como ejecutor.

BUSCA Y CAPTURA
También la mujer rumana había desaparecido poco después de iniciarse las investigaciones sobre ella. Al parecer, en junio de 2020, se había reunido en Italia con su novio marroquí hasta que la ruptura de la relación la decidió a volverse a España.
Para entonces ya la policía había cursado sendas órdenes de busca y captura contra los dos.
Ella fue apresada a finales de marzo de 2021 en un autobús en el que viajaba de Burgos a Logroño. Su detención y los interrogatorios a los que fue sometida dieron un impulso a la investigación y avalaron las tesis iniciales de la policía.
La detención del marroquí requirió de la cooperación internacional. Fue detenido dos años después del crimen, el 4 de febrero de 2022, en la ciudad italiana de Foggia y extraditado a España.
El juicio contra ambos se celebró en la Audiencia Provincial de La Rioja el pasado mes de mayo. Cinco hombres y cuatro mujeres integraron el jurado popular que se encargó de establecer la culpabilidad o la inocencia de los acusados, para quienes la fiscalía solicitaba unas penas de14 años de prisión por homicidio más otros dos por obstrucción a la justicia para el marroquí y 2 años de prisión, y dos y medio más por encubrimiento, para la mujer rumana.

1ª JORNADA: HABLAN LOS ACUSADOS
La primera jornada del juicio comenzó con las declaraciones de los dos acusados.
Loredana relató que había mantenido una relación amorosa, de una duración de unos seis meses, con el profesor, y al mismo tiempo con el marroquí encausado y con otros hombres. Estas fueron algunas de las frases que llamaron la atención en respuesta a preguntas del fiscal acerca de la relación que mantenía con el profesor y acerca del dinero prestado:
“Él me dijo que quería casarse conmigo, que no quería vivir solo, que no le gustaba su familia…Pero yo no estaba decidida y no quería casarme”.
“Si yo hubiera sido interesada, si hubiese querido la herencia, me hubiera casado con él”.
“Tuve un problema, Pedro José me vio triste, se lo conté y me dijo que me podía dar ese dinero”.
“Le dije que firmáramos unos papeles, no ante notario ni nada, pero para garantizar que se lo devolvería todo”.
“Él estaba enfadado porque quería casarse. Yo le dije que no me iba a casar por su dinero. Le dije que le había hecho un papel, que se lo iba a devolver”.
“Le quería muchísimo, una relación de cariño por todo lo que ha hecho por mí, que no ha hecho nadie. Lo quería como padre, como amigo, como novio”.
Respecto a las llamadas telefónicas entrecruzadas entre ambos acusados el día del crimen, 12 llamadas de ella entre las 10,44 y las 10,56, y 49 realizadas desde el teléfono de él a lo largo de esa tarde, su explicación fue que era una costumbre habitual entre ellos el comunicarse constantemente.
Por su parte el marroquí alegó que no conocía de nada al profesor y que su precipitada marcha a Italia respondía a que un conocido le había comentado que allí iba a conseguir fácilmente la regularización. En cuanto al comentario detectado por la policía en una tensa conversación telefónica posterior entre los dos acusados, “te lo juro que nos lo vamos a comer todo los dos”, ironizó sobre si se referiría a comerse una pizza, pero que en definitiva no recordaba los motivos de su enfado.

2ª JORNADA: DECLARAN HIJA Y VECINOS
La primera en declarar fue la hija del profesor, quien aseguró que la relación familiar era muy buena, que se comunicaban constantemente, que toda la familia solía reunirse en las celebraciones. Y que, por supuesto, desconocía totalmente que su padre hubiera tenido una relación sentimental con la rumana y que hubiera una denuncia de estafa.
Los vecinos del inmueble donde vivía la víctima, por su parte, declararon haber oído ruidos inusuales la mañana del crimen, como de una pelea y golpes en el suelo, además de unos quejidos y unas tenues llamadas de auxilio, pero a ninguno se le ocurrió llamar a la policía. Todos coincidieron en el buen trato que tenía el profesor. “No era una persona ostentosa, era un hombre muy sencillo y muy buena persona”.

3ª JORNADA: OTROS TESTIMONIOS
El testimonio de la exmujer del profesor estuvo lleno de buenas palabras
hacia su marido, con quien solía hablar por teléfono dos veces diarias para mantener vivo el cariño y el respeto que se seguían profesando. Desconocía también la supuesta relación con la mujer rumana y, respecto al dinero prestado, no supo qué contestar: confiaba en el sentido de responsabilidad de Pedro José, un hombre al que alabó por su inteligencia y su preparación.
El primo del acusado relataría cómo cambió la vida de Karin desde que había conocido a Loredana. De ser un hombre serio, atento en el trabajo, que enviaba dinero a sus padres en Marruecos, a ser explotado por la mujer que le pedía incesantemente dinero. Su recomendación de que se alejara de ella no la atendió y por lo tanto fue el primo quien decidió alejarse de él.

4ª JORNADA: DECLARA LA POLICÍA
Para los agentes de policía que inspeccionaron el escenario del crimen, el asesino iba preparado para no dejar huellas, con la ropa apropiada y probablemente portando unas llaves de la vivienda. Sospecharon también que la víctima pudo haber sido maniatada porque se encontraron junto al cadáver trozos de una cinta adhesiva. No hallaron restos de ADN ni huellas del agresor.
Respecto a la detención de Loredana contaron que, enterados de que la mujer se iba a desplazar en autobús hasta Logroño, pidieron en taquilla que le asignaran un determinado asiento y otros dos cercanos para que pudieran mantenerla vigilada los agentes encargados de detenerla. La detención se adelantó y tuvo que realizarse a medio camino del destino porque recibió una llamada de algún conocido que la alertaba de que la policía estaba preguntando por ella. Entonces, con gran nerviosismo, comenzó a manipular su móvil para borrar compulsivamente infinidad de mensajes. Los agentes procedieron inmediatamente a detenerla con el fin de evitar que con esos actos eliminara pruebas fundamentales para el caso.

5ª JORNADA: LOS FORENSES
El informe forense detalló que desde el primer momento se encontró al profesor ya fallecido rodeado de gran cantidad de sangre, tanto sobre el cadáver como en el pasillo y en suelo y paredes de la cocina. Murió desangrado tras haber sido golpeado por todo el cuerpo, sobre todo en los costados, con rotura de varias costillas, y en la cabeza, con la rotura del tabique nasal. Según la autopsia, el ataque se pudo perpetrar en un dilatado espacio de tiempo con dos objetos distintos, uno de ellos un objeto dentado, además de que se le propinaron múltiples puñetazos y patadas.

6ª JORNADA: ALEGACIONES FINALES
Los acusados, Loredana y Karin, reiteraron su inocencia; la primera alegando el respeto que sentía por el profesor y el segundo asegurando de nuevo que no lo conocía de nada y que nunca había matado a nadie.
El fiscal argumentó su acusación en los múltiples indicios que, en sus comunicaciones telefónicas, aportaron los dos encausados y en sus comportamientos después del crimen: sobre todo la precipitada huida de Karin a Italia y la de Loredana después. El móvil del crimen había sido el de evitar la condena por estafa presionando al profesor para que retirara la denuncia.
La acusación particular insistió en apuntar a la acusada como cerebro del crimen y solicitó elevar la imputación de ambos de homicidio a asesinato, dada la gravedad de los hechos demostrados, lo que acarrearía una pena de entre 15 y 25 años.
Las defensas, lógicamente, reclamaron la libre absolución de los acusados.

VEREDICTO DEL JURADO
Por 7 votos a favor y 2 en contra, el jurado dictaminó que ambos acusados eran culpables de la muerte del profesor Pedro José Sáez Alfaro. El Magistrado Presidente del tribunal acordó prisión provisional para el principal acusado de asesinarle a golpes hasta que se resolvieran los recursos anunciados por las defensas. La mayoría del jurado coincidió en dar como probados los hechos que acusaban al varón, marroquí de 34 años, como homicida, y a la mujer, natural de Rumanía de 40 años, por incitar al autor de los hechos a presionar al profesor y encubrir la brutal agresión que dio muerte a la víctima.
Las condenas están todavía pendientes de la redacción de la sentencia por parte del juez.
Si fuera cierto lo que Loredana aseguró durante el juicio, que sentía un gran cariño por el profesor, habría que convenir que, aceptando la literalidad del dicho popular, efectivamente “hay amores que matan”.

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