Los expresidentes del Gobierno Mariano Rajoy y Felipe González durante su último encuentro / efe
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Los expresidentes del Gobierno Felipe González y Mariano Rajoy defienden que sus respectivos partidos, PSOE y PP, logren pactos que permitan superar el bloqueo que se ha instalado en la política española, pero discrepan sobre la conveniencia de una gran coalición. Los dos exjefes del Ejecutivo protagonizaron la segunda jornada del I Foro La Toja-Vínculo Atlántico con un diálogo público —el primero entre ambos— en el que analizaron la situación política y económica de España.

Con el 10N a la vuelta de poco más de un mes, la situación que ha llevado a la repetición de las elecciones ante la incapacidad de los partidos de lograr un acuerdo ha ocupado gran parte de su conversación. La moderadora, Miriam González, abogada y esposa del exlíder liberal británico Nick Clegg, ha introducido el análisis planteando a ambos si ante la situación de bloqueo ellos habrían sido capaces de negociar una gran coalición.

“Él sí, yo no”, respondió inmediatamente el exdirigente socialista, ante lo que Rajoy asintió: “Yo sí. Has acertado”. Además, al preguntarles si pedirían a los actuales líderes de sus partidos que, independientemente del resultado de los comicios, han de facilitar un Gobierno estable aunque suponga coaliciones incómodas, coincidieron en que no pedirían nada a nadie.

Pero Rajoy aprovechó para recordar que él ofreció por dos veces una gran coalición tras los comicios de 2015 y 2016 y recalcó que sin que haya una mayoría suficiente para sacar adelante las iniciativas, es imposible gobernar.

Por su parte, González lamentó que se haya pasado del bipartidismo al “bloquismo” y reiteró su opinión de que los partidos que no tienen la posibilidad de formar Gobierno no pueden impedir que se forme un Ejecutivo por parte de quien pueda hacerlo.

“Si se forma un Gobierno de mayoría, mejor, y si no es de mayoría, se pueden pactar los temas fundamentales como los de la relación con Europa y algunas reformas estructurales demasiado retrasadas”, señaló. Con un “claro” respondió Rajoy a ese planteamiento de González, quien instó a “olvidarse del sentimiento trágico de la existencia” para intentar saber que no hay tantas diferencias.

El diálogo, muy distendido, estuvo plagado de frases recibidas con aplausos de los asistentes al acto, entre ellos el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, como la que González pronunció subrayando que, con lo que está pasando ahora en España, los dos “como mínimo —dijo—, somos Churchill”.

Cataluña no ha sido ajena al intercambio de opiniones, asunto ante el que González consideró que la política ha tenido un “cierto fracaso”.

Pero Rajoy resaltó que precisamente la política fue la que aplicó el artículo 155 de la Constitución en ese territorio, cesó al Govern y disolvió el Parlament. Ligado con este problema y ante la posibilidad de abordar una reforma de la Constitución, el exlíder del PP fue tajante en su rechazo porque cree que con un parlamento como el actual, sin ser capaces de formar un gobierno y sin saber en concreto qué se pretende, sería “muy peligroso” porque se desconoce dónde podría terminar.

Reformistas

Sin embargo, González resaltó que él sigue siendo reformista aunque asume las dificultades de abordar la modificación constitucional. Ambos negaron que la corrupción sea un problema singular de España y resaltaron la labor de la Justicia ante los casos que han ido surgiendo con independencia de la formación política a la que afectara.

“No es bueno que nos castiguemos inmisericordemente diciendo que somos el país más corrupto. No estoy de acuerdo”, señaló Rajoy, mientras que González explicó que al final de su mandato como presidente hubo casos “dolorosísimos” que le costaba creerlos y era incapaz de comprender porque algunos de los actores eran amigos.

Además, advirtió de que quien se meta en política en España tiene que asumir que va a ser ya presuntamente culpable toda su vida. En su análisis de la situación de España, González reivindicó los logros de la Transición pese a las críticas de que es objeto por parte de algunas formaciones políticas, y al abordar la evolución de la economía ha reconocido que en España se tardó más que en otros en reaccionar ante la última gran crisis.