Medio año de secuestro

Los cooperantes españoles Albert Vilalta y Roque Pascual son ya tristes protagonistas del segundo cautiverio de más duración de todos los que han tenido lugar en el Sáhara.

El secuestro de los cooperantes españoles Albert Vilalta y Roque Pascual, del que se acaban de cumplir seis meses, pasa a ser por desgraciado derecho propio el segundo cautiverio más largo del que se tiene noticia en la zona del Sáhara en estos últimos años. Únicamente los 247 días que estuvo retenido el matrimonio austríaco Wolfgang Ebner y Andrea Kloiber, en 2008 superan la marca establecida por los dos catalanes.

En la noche del 29 de noviembre de 2009, Vilalta y Pasqual, junto con Alicia Gámez, que fue liberada el 10 de marzo del presente año, fueron capturados por un grupo armado perteneciente a la organización terrorista Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) -una rama de la red mundial liderada por Osama Bin Laden- a unos 170 kilómetros de Nuakchot, la capital de Mauritania.

Los españoles formaban parte de una caravana humanitaria organizada por la ONG Barcelona Acció solidària que recorría todo el Magreb con varios camiones cargados con 20 toneladas de material educativo y ludico donado por los ciudadanos destinado a abastecer diversos proyectos en Marruecos, Mauritania, Senegal y Gambia.

Los cautivos ocupaban el último vehículo del convoy, formado por 13 vehículos, cuando fueron asaltados por uno o dos todoterrenos ocupados por terroristas. Cuando los criminales consiguieron detener el coche de los españoles, varios hombres armados y tapados con turbantes obligaron a los tres a punta de fusil a acompañarles.

De inmediato fueron conducidos a través de carreteras sin asfaltar hasta las profundidades del desierto, una zona controlada en la práctica por los islamistas y donde las Fuerzas de Seguridad mauritanas apenas tienen presencia

El resto de integrantes de la caravana no sufrió daño, pero Vilalta sí recibió un impacto de bala, aunque sus heridas no fueron demasiado graves.

Como era más que previsible, el esfuerzo de las autoridades por abortar el secuestro en las primeras horas resultó del todo infructuoso y perdieron el rastro de los cooperantes se perdió a unos 170 kilómetros de Nuakchot.

Opacidad informativa

Desde entonces, las noticias sobre el estado de salud de los cooperantes se han ofrecido con cuenta gotas en ejercicio de un silencio informativo impuesto por el Gobierno, que se ha limitado a reclamar prudencia para no entorpecer unas negociaciones que nunca se habrían interrumpido y que, en una primera fase, permitieron que Alicia Gámez regresara a España sana y salva.

En este momento, los únicos datos disponibles son los que facilitaron días atrás fuentes del Ejecutivo que prefirieron permanecer en el anonimato y que aseguraron que que el Ejecutivo trabaja con la «certeza» de que Vilalta y Pascual, serán «liberados», aunque de ninguna manera se atrevieron a fijar un plazo concreto, ni tan siquiera de manera aproximada.

No obstante, lo cierto es que no hay constancia pública alguna de que los cautivos sigan vivos siquiera desde que el 10 de marzo se produjo la liberación de su compañera. Cabe recordar que, solo dos días después de aquella fecha, AQMI emitió un comunicado emplazando al Gobierno español a que cumpliera sus exigencias junto al que acompañaba una fotografía sin fecha en la que se podía ver a los tres catalanes rodeados de varios guerrilleros terroristas.

Los secuaces de Bin Laden proclamaron entonces que la liberación de Gámez había sido consecuencia directa de su conversión al Islam, una circunstancia sobre la que la funcionaria de Justicia no quiso pronunciarse.

«Por favor, no me preguntéis por eso», fue la contestación que proporcionó sistemáticamente tras el final de su cautiverio.

Más allá de tales pruebas, lo único cierto es que, como se encargan de manifestar con cierta regularidad fuentes próximas al Ejecutivo, Exteriores continúa trabajando con «prudencia y discreción» y sin comtemplar ninguna otra hipótesis que no sea la de la liberación.

Además, existe «constancia» en el departamento que dirige Miguel Ángel Moratinos de que los dos cooperantes «se encuentran bien de salud», tal y como relataba reciéntemente sin dar ningún otro detalle la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega.

Tres solidarios de pro

Mientras Gámez, de 45 años, separada y sin hijos, ya ha retomado su rutina laboral, a Vilalta, hijo de un consejero de Jordi Pujol y que trabajó como ingeniero jefe del Consistorio barcelonés en el último mandato del ex alcalde Joan Clos, siguen echándole de menos en la empresa Túneles de Barcelona y Túneles del Cadí, que dirigía antes de ser capturado.

Por su parte, Roque Pascual, otro asiduo desde hace años a la caravana de Barcelona Acció Solidària, ejercía como consejero delegado de la empresa Gecoinsa, dedicada al sector de la construcción y es también patrono de la Fundació Tallers de Catalunya, un centro que ayuda a personas con discapacidades psíquicas a acceder al mundo laboral.