La imputación de Iñaki Urdangarín conmociona a toda la Familia Real

El levantamiento del secreto de sumario permite conocer de qué delitos se le acusa al Duque de Palma, que ha logrado retrasar su declaración del 6 al 25 de febrero.

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No estuvo previsto en los últimos días que la Reina Sofía pasara el Fin de Año en Washington en compañía de su hija Cristina, su marido y sus cuatro hijos, y tampoco que lo hiciera la Infanta Elena, en contra de las informaciones que lo daban por seguro. No todo lo que se publica estos días sobre lo que ocurre en la Casa del Rey es exactamente como se dice.

La comunicación entre la mujer de Don Juan Carlos y su hija menor es constante, como lo es entre las dos hermanas, y también ha hablado el Rey con la Infanta Cristina para expresarle el lógico cariño de padre en días que son muy dolorosos para toda la Familia Real en general y para la Duquesa de Palma en particular. El caso Urdangarín ha provocado que la emotividad esté a flor de piel en todos ellos, pero lo que ha provocado también es una gran conmoción por la forma en que se están dando por ciertas algunas noticias que no lo son, y que dañan la imagen de la Corona.

Es cierto que en La Zarzuela produjo incomodidad el reportaje publicado en portada de la revista Hola en el que se veía a la Reina muy sonriente en Washington con su yerno, aunque aquella visita tenía su lógica porque Doña Sofía se encontraba en Nueva York, y no fue consciente de que su gesto de visitar a su hija, que atravesaba momentos difíciles, podía interpretarse como un apoyo explícito al exjugador de balonmano.

Es cierto también que el Rey se ha interesado personalmente por las cuestiones procesales de Urdangarín, como por ejemplo los plazos previsibles para que se levantara el secreto del sumario, o para que fuera llamado a declarar -al final, prestará declaración el 25 de febrero y no el 6, como inicialmente se dispuso-, lo que, por otra parte, tiene toda la lógica y no significa que haya habido presiones para que recibiera trato de favor; la prueba es que también es cierto que la Infanta Cristina no se siente suficientemente apoyada por su padre, que desde que se conocieron las presuntas irregularidades de Urdangarín ha repetido hasta la saciedad que debe responder ante la Justicia como cualquier ciudadano español, y ante la sospecha de que no mantuvo una conducta «ejemplar» cuando presidía el Instituto Nòos ha sido apartado de las actividades oficiales de la Familia Real, en las que hasta ahora tampoco ha tenido ninguna participación la Infanta Cristina y no se ha decidido aún si la tendrá en el futuro inmediato.

Pero siendo ciertas por tanto algunas de las noticias publicadas, hay que insistir en que otras no se corresponden en absoluto con la realidad. Y solo el levantamiento del secreto del sumario -hoy lo recibirán los abogados de las partes implicadas- pondrá todas las cosas en su sitio.

El juez Castro, que investiga el caso Palma Arena en Palma de Mallorca, y que abrió una pieza separada para investigar los contratos entre el Gobierno balear y la polémica fundación, al que encargó la organización de varios eventos deportivos, finalmente ha imputado a Urdangarín en base al escrito del Fiscal Anticorrupción que le atribuye presuntos delitos de malversación de fondos públicos, prevaricación, falsedad de documentos y fraude fiscal.

El levantamiento del secreto sumarial supone para Urdangarín que podrá saber exactamente de qué se le acusa, como ha explicado su abogado, y preparar así su defensa. Y también que se acaban lo que desde el entorno del Duque de Palma se consideran filtraciones parciales e interesadas de parte del sumario; unas informaciones que han provocado un gran malestar no solo en la familia Urdangarín, sino también en un amplio sector de jueces y fiscales que no han dudado en denunciar públicamente la situación.

El Código Penal considera delito la revelación de secretos sumariales, y más de un juez ha comentado estos días que no comprende la actitud del juez Castro de no proceder a una investigación sobre lo que ocurre en su juzgado acerca de las diferentes publicaciones habidas.

Un magistrado que podría verse obligado a abandonar el caso si se confirma la idea de algunos profesionales que piensan que el caso Urdangarín corresponde a la Audiencia Nacional (AN).

A principios de diciembre, el fiscal Anticorrupción negó esa posibilidad con un escrito en el que avanzaba que aún se encontraba en una etapa inicial de las investigaciones, pero que no estaba «mínimamente acreditado ninguno de los presupuestos» que justificarían la competencia de la AN, como son «defraudaciones o maquinaciones para alterar el precio de las cosas que supongan una grave repercusión en la seguridad del tráfico mercantil o en la economía nacional», o «perjuicio patrimonial a una generalidad de personas en el territorio de más de una Audiencia».

Es en este último punto es donde se podrían encontrar argumentos para que el caso pasara al tribunal de la Audiencia Nacional, ya que, además de la pieza separada del Palma Arena de Baleares, Urdangarín tenía contratos con el Ejecutivo de la Generalitat valenciana que también han sido objeto de investigación judicial.

Levantado el secreto sumarial, abriendo así la puerta a Urdangarín -que, según un diario de tirada nacional, sacaba unas notas pésimas en BUP- para preparar su defensa, se abre también la puerta a jueces y fiscales para decidir, en función de las investigaciones del titular Castro, si efectivamente existen elementos que determinen si la competencia es, finalmente, de la Audiencia Nacional o debe mantenerse en el Juzgado de Instrucción número 2 de Palma. Y en esa decisión ya no es concluyente el informe del fiscal, sino del juez de la propia AN.

La imputación del exdeportista por el juez Castro y el levantamiento del secreto del sumario significa, por tanto, un giro de tuerca en un caso que cuenta con tantas connotaciones institucionales: se pone nombre ya a los posibles delitos cometidos, se inicia la fase de preparación de la defensa del Duque de Palma, y los jueces decidirán cual es la instancia a la que compete el caso.