La huelga general no paraliza España

El seguimiento laboral y el consumo de electricidad caen con respecto al paro de marzo.

La segunda huelga general contra el Gobierno liderado por Mariano Rajoy en ocho meses, convocada por los sindicatos, obtuvo ayer menos respaldo que la anterior convocatoria celebrada en marzo, según los datos de las propias centrales de trabajadores, que aseguraron que un total de 9.185.383 trabajadores españoles secundaron el paro total. Esta cifra supone un descenso del 12,2 por ciento con respecto al seguimiento de la convocatoria anterior, la del 29 de marzo, cuando 10.465.139 asalariados la apoyaron.

No obstante, el porcentaje de participación fue muy similar, aunque algo inferior. En concreto, el 76,7 por ciento de los empleados participaron en ella, frente al 77 registrado a principios de año.

Los sindicatos justificaron la caída en el aumento del desempleo, con lo cual hay menor número de trabajadores, y en el incremento de los servicios mínimos pactados con las compañías.

Sin embargo, la caída del seguimiento de la huelga se notó en uno de los datos objetivos para medir el éxito de la convocatoria, el consumo eléctrico. Así, en la última valoración del Gobierno sobre la jornada, la directora general de Política Interior, Cristina Díaz, explicó que este indicador disminuyó un 12,7 por ciento sobre la previsión que había, mientras que en la movilización del 29 de marzo, el descenso fue más acusado: del 16,3 por ciento.

Asimismo, la dirigente recalcó que el impacto de la huelga estuvo marcado por «la ausencia de problemas de orden públicos graves», aunque con «incidentes puntuales» registrados principalmente en el centro de algunas grandes ciudades. Según confirmó, a lo largo de la jornada se practicaron 142 detenciones, mientras que en marzo había 196 en la última comparecencia ante los medios durante el propio día de la huelga.

Además, los servicios médicos atendieron a 74 heridos en los incidentes, entre ellos 43 miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado. En el paro convocado hace ocho meses, se registraron 84 heridos, de los que 46 eran agentes de seguridad.

El ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, enmarcó las detenciones practicadas en la «normalidad del escenario de una huelga general» y destacó que el paro se desarrolló «con absoluta normalidad», sin «incidentes especialmente reseñables».

Los datos estatales indican que la jornada registró un seguimiento «bajo» en el transporte de larga distancia y de mercancías y con una incidencia desigual en el urbano, sobre todo en las grandes ciudades. En ambos casos se cumplieron los servicios mínimos pactados.

En el comercio, las grandes superficies abrieron sus negocios y Mercamadrid y Mercabarna pudieron operar con «normalidad», igual que la mayor parte de los mercados de las grandes capitales.

En el sector de la industria, muchas plantas de automoción se paralizaron, mientras que en las Administraciones los servicios se prestaron de forma regular.

Por supuesto, estos datos no fueron compartidos por los convocantes, los sindicatos nacionales mayoritarios, CCOO, UGT y USO, que expresaron su satisfacción por el desarrollo de la jornada, que calificaron como un «éxito» por la gran participación de los trabajadores en la misma.

Los líderes de estos organismos, Ignacio Fernández Toxo, Cándido Méndez y Julio Salazar, respectivamente, agradecieron a los trabajadores que hayan entendido las razones de esta movilización pese la difícil situación económica por la que atraviesa el país.

Respecto a la guerra de cifras, Toxo prefirió puntualizar que la huelga ha sido «prácticamente total» en la Península Ibérica, pues el seguimiento del paro general en Portugal también fue masivo. El dirigente de CCOO recalcó que los empleados mostraron su convicción de que «hay alternativas» frente a los recortes y añadió que éstas van a surgir «de la presión de ciudadana».

Asimismo, los sindicatos defendieron la actuación de los piquetes informativos, de los que matizaron que actuaron con «responsabilidad», pese que en algún momento recibieron provocaciones de la Policía.

En otros términos se expresó el presidente de la CEOE, Juan Rosell, quien calificó la huelga como «inoportuna e innecesaria desde el punto de vista interior y también desde el exterior, donde el país tiene mucho que perder».

La patronal aseguró, además, que el seguimiento del paro fue de un máximo del 10 por ciento, e incluso «nulo» en algunos sectores, con lo que estima que la «mayoría de las empresas» registraron una «absoluta normalidad».

También el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García Margallo, señaló que la huelga no le parece «oportuna» para la «imagen» de España.

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