La ambición política de Gallardón agita una vez más las aguas del PP

Las noticias sobre el deseo del alcalde de ser secretario en lugar de Cospedal son tildadas por Aguirre, que presidió el Día de Madrid con la ausencia del PSM, de «cotilleo». Rajoy lo niega

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El Día de la Comunidad de Madrid, que conmemora la fracasada escaramuza contra los invasores galos, tuvo ayer algún pequeño reflejo en la realidad. Por de pronto, la presidenta, Esperanza Aguirre, tuvo que sufrir en la Puerta del Sol el desplante de los socialistas. Eso era previsible. Lo que nadie esperaba era que se iba a extender como la pólvora el rumor de que el alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón, iba a ser nombrado nuevo secretario general del PP y que Ana Botella le sustituiría, algo que el presidente del partido, Mariano Rajoy, se apresuró a desmentir, para luego añadir que su formación se encuentra «mucho más fuerte y unida que hace un año». Por su parte, la ex ministra manifestó su convicción de que el gallego no propondría a su enemigo para ese cargo, y aseguró que «todo lo que no es ciencia es cotilleo».

No obstante, y a pesar de los desmentidos de unos y otros, salvo del propio Gallardón -lo cual no contribuye mucho a la frágil tregua existente en el partido-, el daño ya estaba hecho. Máxime cuando la protegida de Javier Arenas y miembro de la guardia pretoriana de Rajoy, Ana Mato, se despachó con un ambiguo: «tenemos una magnífica secretaria general del partido, que tiene un compromiso hasta el próximo congreso del partido de momento, y luego ya veremos si en el próximo congreso se le renueva la confianza, que seguro que sí». Se le echó en falta más rotundidad y podía haber omitido el de momento. Quién sabe si solo eran órdenes y globos sonda. De momento.

Aguirre, por si acaso, mandó un recado tras ensalzar las virtudes de María Dolores de Cospedal, persona muy cercana a ella hasta hace poco: «Si Rajoy lo hubiera querido proponer, lo habría hecho», por no hablar de que «el secretario general lo sugiere el presidente a la junta directiva y tiene que estar dentro de ésta».

La idea tampoco parece muy descabellada, sobre todo si se piensa que Cospedal tiene que enfrentarse a José María Barreda en las elecciones manchegas de 2011, y se le critica por parte de los socialistas que se le vea poco por allí. Además, según señalaba la periodista Pilar Cernuda hace unos meses, existe cierto malestar en el partido porque el papel del secretario de Comunicación, Esteban González Pons, está prácticamente eclipsado por la dirigente madrileña. De todos modos, Rajoy, que estuvo pegado a Aguirre en la celebración del 2 de Mayo, intentó apagar el fuego atacando, aunque sin dar nombres: «No es verdad, así de claro. Es que ni lo he pensado, no estamos en eso». Esos rumores podrían haber salido de lo que «se llaman serpientes de verano, que surgen de vez en cuando, aunque ésta es de primavera».

Mucho más espinoso era el tema de los posibles escándalos que se ciernen sobre su formación. Se limitó a decir que el PP se halla «mucho más fuerte y unido que hace un año». «Somos conscientes de que somos una referencia para mucha gente», recalcó, al tiempo que animó a sindicatos y empresarios a que trabajen juntos.

Por otro lado, cientos de personas acudieron al acto popular celebrado por el PSM en la plaza del Dos de Mayo, en el que el líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, y el ex alcalde de Madrid Juan Barranco arremetieron contra la política de Esperanza Aguirre. Y eso que el primero aseguró al principio de su intervención que no quería politizar el evento y que solo quería «homenajear a los que lucharon por la libertad», como Manuela Malasaña, a la que el PSOE ofreció un ramo de flores con 13 rosas rojas.

Antes de su intervención, Gómez, que se felicitó de que los líderes regionales de UGT y CCOO también faltaran a la cita oficial, recordó que era la primera vez que los socialistas daban plantón debido a la actitud de Aguirre. Y eso que hace días le dijo que le invitaba a comer. El ex alcalde de Parla también anunció otro desaire y abogó por los cauces institucionales», aunque seguramente sin los botellines de agua, tras la monumental bronca que hubo en el Parlamento hace unas semanas.