La fotografía logró dejar de estar asociada a una mera reproducción de la realidad con el paso de los años. / efe
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El Museo Thyssen acogerá la exposición ‘Los impresionistas y la fotografía’, con la que a través de 66 óleos y más de 100 fotografías, quiere mostrar la importancia que supuso la aparición fotográfica para las corrientes pictóricas del siglo XIX, subrayando las afinidades e influencias entre los artistas de una y otra rama. “Los primeros fotógrafos no eran aceptados en la industria del arte, pero conforme fue pasando el tiempo, la fotografía logró dejar de estar asociada a una mera reproducción de la realidad y fue ganando credibilidad artística”, explicó Paloma Alarcó, comisaria de la exposición y jefa de Conservación de Pintura Moderna del Museo Thyssen.

La fotografía le valió al impresionismo no solo como una fuente iconográfica sino también como una inspiración técnica, tanto en la observación de la luz o en la representación de un espacio en concreto como en la explotación de la espontaneidad.

Alarcó señaló que en muchos cuadros expuestos se puede apreciar cómo los pintores usaban figuras en contrapicado o escenas incompletas que ayudan a dar una sensación de que el cuadro va más allá, como si fuese una fotografía. La mayor parte de las imágenes, todas copias de época, están firmadas por Gustave Le Gray, Eugène Cuvelier, Henri Le Secq, Olympe Aguado, Charles Marville o Félix Nadar, confrontados con las pinturas de Édouard Manet, Edgar Degas, Camille Pissarro, Paul Cézanne, Alfred Sisley, Claude Monet, Marie Bracquemond, Pierre-Auguste Renoir y Berthe Morisot.

Lo impresionistas tenían muy presente la naturaleza cambiante de la realidad, que a cada instante se modifica y se desvanece, por lo que la fotografía se mostró para ellos como una “victoria simbólica” de los hombres sobre la temporalidad. “Los pintores estaban obsesionados con mostrar el aquí y el ahora, eso les ciega a pintar de una forma muy rápida, lo que ahora a nosotros al ver sus cuadros, nos da una visión efímera”, apuntó la comisaria.

A su vez, los fotógrafos empezaron a preocuparse por la materialidad de sus imágenes y buscar nuevas fórmulas para fotografiar con un efecto más pictórico que viene dado de la inspiración del impresionismo. Dividida en nueve capítulos temáticos —El bosque, el agua, figuras en el paisaje, en el campo, los monumentos, el retrato, el cuerpo y el archivo—, la exposición arranca con el bosque como argumento.

Los leones

Las fotos están fechadas varios antes de la realización de las pinturas que las acompañan. Se puede ver: ‘El arroyo Brème’ (1866) de Courbet, ‘El parque de los leones’ (1872) de Corot o ‘La choza de los carboneros’ (1855) de Rousseau; frente a las fotografías ‘Sendero en el bosque’ (1850) y ‘Efecto niebla’ (1855) de Cuvelier o ‘El camino a Chailly’ (1849) de Le Gray. En este capítulo, la comisaria incide en que los pintores aprendieron de los fotógrafos que era imposible representar el bosque en su inmensidad, por lo que había que hacerlo de forma fragmentada. “El objetivo de la cámara solo capta un fragmento, por lo que los impresionistas buscan el momento exacto que quieren representar”, añadió.

En cuanto al apartado sobre el cuerpo, Alarcó explicó que los visitantes van a poder observar la obsesión que tenía Degas —uno de los impresionistas más fotográficos de la exposición— en captar a sus modelos desnudas en posturas casi antinaturales para mostrar las espaldas y el movimiento. “La danza se convirtió para él en el vehículo fundamental para estudiar los cuerpos en movimiento”.

La exposición, que se podrá ver desde hoy hasta el 26 de enero, cuenta con préstamos fotográficos de la Biblioteca Nacional de Francia o el Museo J. Paul Getty de Los Ángeles, entre otros.