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Tras la exhumación de Franco el pasado 24 de octubre, la familia del dictador ha vuelto al foco mediático por la subasta de unas joyas de su esposa, Carmen Polo, que recupera la polémica sobre la fortuna estimada de 600 millones de euros en propiedades inmobiliarias, valores en efectivo, regalos que recibió en vida y los negocios emprendidos por los Franco una vez muerto.

Un “gran negocio” gestado desde la dictadura que el escritor y periodista Mariano Sánchez Soler desgrana en su libro ‘La familia Franco S.A.’, una nueva edición actualizada de su obra ‘Villaverde: Fortuna y caída de la casa Franco’, que se publica estos días y recoge de forma más detallada el origen y evolución de la fortuna “hasta donde se puede saber”.

El autor explica que estas actividades económicas y propiedades, recogidas en la obra publicada por Rocaeditorial, difícilmente pueden ser embargadas ya que, recuerda, son “legales” aunque su origen “sea discutible” porque se amasaron bajo la dictadura, un periodo en el que “lo público y lo privado se mezclaba” y donde los políticos “también eran empresarios”.

Con todo, Sánchez Soler asegura que “no es tanto que los familiares rindan cuentas, sino de cómo se han conseguido esas propiedades y qué tipo de tratos y privilegios han recibido”.

Preguntado sobre la reciente salida a subasta de las joyas de la esposa del dictador, Carmen Polo, por valor de 400.000 euros en Londres, el escritor considera que “no es expolio” porque las joyas pertenecen “legalmente” a los Franco y asegura que “llevan vendiendo joyas, medallas y todo tipo de objetos convertibles en dinero desde el principio de la Transición”. “Que se sepa”, añade.

Además, el periodista subraya que “nadie ha revisado nada” sobre el origen de los bienes con los que traficaba la familia, y lo ejemplifica con varios casos como la detección de cuadros destino a Miami o cuando la misma Carmen Franco fue retenida en Barajas con decenas de medallas de oro rumbo a Suiza para “hacerse un reloj de cuco”.

Sánchez Soler también admite que no ha hablado con los Franco durante la investigación pero recuerda la querella que le interpusieron los familiares tras publicar la primera edición del libro en 1990, una época en la que la familia no hablaba con nadie y mantenía “la puerta cerrada” a reportajes y entrevistas: “Ellos sabrán que quieren ocultar”.

Artimaña empresarial

“La clave es entender que durante todo el proceso democrático no fueron molestados”, dice el periodista, ya que los descendientes del dictador “pudieron hacer sus negocios y legalizar los que tenían sumergidos” y añade que esas prácticas las ha realizado también “muchísima gente” porque las amnistías fiscales “no son un invento” de Cristóbal Montoro.

A pesar de que “utilizar artimañas empresariales” estaba a la orden del día, el escritor alicantino resalta que es “uno de los precios de la Transición”, explicando que no se molestó a los Franco porque “lógicamente había problemas más grandes” que resolver en el país.

Aún así, destaca que se llevó a cabo un proceso de “taparlo todo” en la Transición, ya que “unos querían hacer una limpieza de sangre para borrar su pasado, y otros porque en la negociación para traer la democracia había un pacto de no agresión, de no echarle en cara a nadie el pasado”.

Según reconoce el escritor, el único de la familia Franco que, mantiene vínculos personales y colabora con Vox es el bisnieto de Franco Luis Alfonso de Borbón, el “heredero político de la familia” y presidente honorífico de la Fundación Nacional Francisco Franco.