El abogado de la acusación solicita para Txeroki 30 años de prisión y la Fiscalía retira la acusación sobre Arzalluz. / EFE
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La acusación que ejercen la viuda y el hijo del juez José María Lidón, María Luisa Galárraga e Íñigo Lidón, ha pedido que se imponga la pena máxima al ex jefe de ETA Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, y al miembro de la banda terrorista Asier Arzalluz Goñi por el asesinato del magistrado en noviembre de 2001, ya que entienden que se trata de “los mayores asesinos en serie de la Historia de España”.

En su alegato final ante la Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, el abogado de los familiares elevó así a definitivas sus conclusiones respecto a los dos etarras para quienes solicita 30 años de cárcel por el asesinato a tiros del juez Lidón el 7 de noviembre de 2001 cuando salía en coche de casa junto a su mujer en Vizcaya, un atentado del que también fue testigo su hijo desde su propio vehículo.

Incuestionable

La Fiscalía, sin embargo, ha modificado su planteamiento inicial y ha retirado la acusación sobre Arzalluz porque considera que no ha quedado acreditado que en aquellas fechas formase parte del comando Olaia al que, según la jurisprudencia, sí pertenecía ya Txeroki.

Considera, además, que no cumple las características físicas que describieron tanto la viuda y el hijo de Lidón como dos vecinos de la familia que aquella mañana se cruzaron con los asesinos y que le describían más bajito y más corpulento de lo que es.

Para Txeroki solicita una condena de 30 años de prisión y se basa, por un lado, en la credibilidad que concede a los familiares, que le identificaron en 2011 cuando vieron imágenes suyas por televisión y que hasta entonces, no habían podido señalar al asesino. “Imágenes de miembros de ETA por televisión se han visto estas y otras muchísimas durante las fechas de los hechos y viéndose muchas, identificaron a este en concreto, no a otros: a él”, destacó en su exposición la fiscal Rosana Lledó.

Por otra parte, incidió en que es “un hecho incuestionable” a la luz de diversas sentencias que Aspiazu Rubina fue miembro del comando Olaia, para destacar que de acuerdo a los peritos, en esas fechas y en ese lugar “sólo pudo ser” esta facción la que perpetrase el atentado, ya que el comando Vizcaya había sido desarticulado meses antes y el resto de los que estaban operativos sólo manejaban explosivos.

Para el abogado de los dos acusados, Alfonso Zenón, se trata de “conjeturas y elucubraciones” que no permiten enervar la presunción de inocencia de ninguno de los dos, pues en su opinión la identificación habiendo sido por televisión y tanto tiempo después le resta credibilidad y afecta a la legitimidad de la rueda de reconocimiento posterior, a la que los familiares habrían llegado ya “autoconvencidos”.

Conjeturas

“Este letrado no cree que los testigos falten a la verdad o hayan venido a inventarse cosas. Creo que a lo largo del tiempo se han ido autoconvenciendo de que uno de los autores era Aspiazu Rubina. Desde el minuto uno el entonces ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba, le imputó ser autor de estos hechos”, señaló.

Añadió además que las “conjeturas” se han apuntalado en el juicio oral con pruebas que debieran ser de descargo y han acabado contra ellos, como el hecho de que operaban cinco comandos en aquella época o que el arma homicida apareciese en el coche que explosionó en 2002 con dos etarras dentro que portaban una mochila con dinamita, Hodei Galarraga y Egoitz Gurrutxaga, y que según uno de los informes periciales, habrían ‘heredado’ la pistola del Olaia.

“Es la primera vez que oigo que un comando da las armas a otro comando. La Sala, con más experiencia que este letrado, podrá saber si ha habido otra ocasión en que esto haya sido así, pero no es lógico que un miembro de ETA dé su arma a otro miembro, un arma además que ha participado en una acción y que está quemada. No ha pasado nunca”, apostilló.

Precisamente, los nombres de estos dos etarras volvieron a salir a colación en los últimos minutos del juicio, que ha quedado visto para sentencia, cuando haciendo uso de su derecho a la última palabra, Arzalluz se lo quiso dedicar a ellos. “Mi más sentido recuerdo a Hodei y a Egoitz”, declaró, antes de abrazarse a ‘Txeroki’ detrás de la mampara de seguridad.