Jiménez mantiene sus planes para desterrar el tabaco de todos los bares

La mayoría de los hosteleros está en contra de estos proyectos, y hay algunos, como Diego, que quieren saber para qué se gastaron «un fortunón» en levantar mamparas.

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Trinidad Jiménez está de moda. La ministra de Sanidad acaparó ayer portadas en los semanarios digitales con sus intervenciones sobre la gripe A, la píldora del día después y, sobre todo, el tabaco, que es una cuestión muy polémica en España, como quedó claro durante la etapa de una de sus antecesoras en el cargo, Elena Salgado que, según cuentan -y puede que sea leyenda urbana- pidió al mismísimo Rey que apagara su puro en un avión que compartieron. Y es que la ex concejala del PSOE en Madrid anunció que seguirá la cruzada contra los cigarrillos, pues «hay una determinación clara de aprobar una normativa que prohibiera fumar el cualquier lugar público. Entre otras cosas, porque la anterior ley dejaba un resquicio porque no protegía suficientemente la salud».

La tía segunda de Alberto Ruiz Gallardón fue muy explícita: «Creo que estamos en condiciones ahora de dar un paso más allá», al tiempo que recordó que varios países cercanos a España ya tienen en vigor esta norma. También las regiones, pues no son pocas, sobre todo las gobernadas por el PP, que no han sido muy inflexibles con la normativa.

Lo curioso es que, tras páginas y páginas de papel de periódico sobre esta peliaguda cuestión, no se registraron durante la jornada reacciones de los partidos políticos. Tampoco de asociaciones de hosteleros o de compañías tabacaleras.

El debate estaba donde tenía que estar: en el bar. No eran pocos los dueños de estos locales que se quejaban de que con esta medida se van a ir a la ruina -y más con la crisis-, pues los clientes vienen allí «a fumar, a ver los partidos y a soltar cuatro chorradas», como sostenía Paco, uno de ellos.

En el vértice opuesto se hallan los propietarios de establecimientos que decidieron cumplir la ley y gastarse «un dineral» en las famosas mamparas. Diego, un ovetense que regenta un bar de carretera en Salamanca, comenta que se gastó «un fortunón» en acondicionarlo -los cristales que hay parecen los que había antes en los bancos-, y que le parece injusto que no se haga nada al respecto. «No quiero que la pareja de la Guardia Civil que viene a tomar café me meta un paquete».