Gutiérrez Aragón convierte ‘Yo, Farinelli’ en un teatro musical barroco

El director de cine adapta la novela del periodista Ruiz Mantilla ‘Yo, Farinelli, el capón’

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‘Yo, Farinelli’ es la primera propuesta teatral musical que afronta el director de ‘Demonios en el jardín’.
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El “posmoderno” Farinelli es el héroe del género que se han inventado Jesús Ruiz Mantilla y Manuel Gutiérrez Aragón: el musical barroco moderno, la pantalla teatral en la que Miguel Rellán y Carlos Mena representan, a partir de este miércoles, la apasionante historia del castrato por antonomasia.

“Yo, Farinelli, el capón” es una novela de 2008 del periodista y escritor Jesús Ruiz Mantilla, reeditada hace dos años, en la que cuenta cómo el castrato Carlo Broschi “Farinelli” (1705-1782) fue contratado por el depresivo Felipe V para que le cantara cada noche las mismas cinco arias y le sacara así de su melancolía.

Felipe V, recuerda Ruiz Mantilla, era “completamente bipolar” y se encerraba en su habitación sin querer ver a nadie.

“Su mujer, Isabel de Farnesio, decide aplicarle terapia musical. ‘¿Quién es el mejor cantante del mundo?’ ‘Farinelli’. ‘Que venga’. Llega al palacio de La Granja. El rey en su habitación. Se prepara cinco arias y cuando las canta el rey ¡sale! Le propone que se quede con él en la corte y que todas las noches le cante las mismas”, resume.

Pero Farinelli “se aburre tanto” haciendo lo mismo cada noche “que empieza a hacer de gestor cultural. El rey le da carta blanca para todo y le nombra mayordomo personal, el ‘iván redondo’ de entonces. Se convierte en su confidente, asesor y amigo”, explica.

Ensamblar la pieza está siendo “muy complejo” pero él se empeñó desde un principio en que fuera “teatro musical barroco” y que lo interpretara el grupo Forma Antiqva, lo cantara Mena, lo dirigiera Gutiérrez Aragón y lo protagonizara Rellán: “me dijeron todos que sí, fue facilísimo”, bromea.

A Gutiérrez Aragón, precisa, le gusta mucho “la ambigüedad, la doblez de esa cosa pasiega de voz de mujer y cuerpo de hombre. Es que el barroco es tan posmoderno…”, sostiene.

Se estrena el miércoles en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial y el viernes en el Festival de Santander, pero eso “solo es su nacimiento” porque “hay muchos programadores interesados” en llevarla a otros lugares.

Experiencia curiosa

Para Gutiérrez Aragón, autor de la adaptación teatral, es “una experiencia curiosa” mezclar actor —Rellán— con cantante —Mena—: “Me atraía mucho la idea de que ambos fueran el mismo personaje”, dice.

Esta es la primera propuesta teatral musical que afronta el director de “Demonios en el jardín”, tras “El rey de Harlem” y “Don Perlimplín”, y cree que ha conseguido llevar a buen puerto la idea de Ruiz Mantilla de hacer “teatro musical barroco moderno”. “Su gran frustración era no poder tener hijos ni una relación amorosa abiertamente porque los castrati tenían prohibido el matrimonio”, describe.

A Rellán, esta historia le provoca por un lado “un vértigo atrayente” y por otra “la responsabilidad” por ver “si dan todas las notas bien”. “Es un poco insólito porque no es una función teatral al uso. Es un monólogo, en el que Farinelli cuenta su vida y echa la vista atrás contando con la complicidad de la imaginación del espectador”, detalla.

Asegura que con Gutiérrez Aragón, con el que nunca había trabajado antes, se entiende bien y comparten un mismo sentido del humor: “nos pasa lo que a Berlanga y a Azcona, que nos dan las diez de la noche y solo hemos criticado y cotilleado…”.

Su “doble”, Carlos Mena, explica sobre los castrati que tenían “una larga vida vocal porque lo que les había ocurrido les permitía una vitalidad mayor. Otra cosa que se suele olvidar es que firmaban contratos para estudiar en los mejores conservatorios de la época”. “Componían, conocían perfectamente la elocuencia, la retórica…, eran auténticas máquinas de conocimiento”, añade.

El director de Forma Antiqva, Aaron Zapico, reconoce que el proceso está siendo “muy complejo” porque “no es una ‘Pasión según San Juan’” sino que la están creando desde cero.
Además de las cinco arias, ponen, “con una visión muy cinematográfica”, música al texto, en total 25 piezas.