«El patio teatral está entre cutre, hortera y grandilocuente»

Rafael Gordon, director de ‘Bellos suicidios’.

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Procedente del teatro, el veterano y curtido Rafael Gordon (Madrid, 1946) regresa a la gran pantalla con una narración poética sobre lo bellos que pueden ser los suicidios. El filme cuenta la historia de dos jóvenes que se encuentran en un centro de rehabilitación para personas que han intentado quitarse la vida. Después de La mirada de Ouka Leele (2009) sobre la primera agitadora de la Movida y de Teresa, Teresa (2003), se atreve con este drama oculto.

Rafael Gordon es como un viejo lobo de mar que se conoce todos los entresijos de la vida. Crítico con la indiferencia y el materialismo integrista, el director de cine -que ha sido actor, productor y hombre de teatro- saca ahora a la luz un drama callado en su película Bellos suicidios, estrenada hace unos días.

¿Hasta qué punto pueden llegar a ser bellos los suicidios?

Numancia, Aníbal, Cleopatra… Se suicidaron antes que morir en manos del tirano. Pero los 3.200 suicidios que hay cada año en España, pienso que no tienen nada de bellos, al contrario, se suicidan en una sociedad idolatra y miserable, que es indiferente al dolor ajeno.

¿Por qué y cómo surge la película Bellos suicidios? ¿Deben abstenerse de verla depresivos y similares?

Bellos suicidios surge como una repulsa al silencio que pesa sobre este drama social. Pienso que todo presunto suicida puede ver perfectamente la película. Pues es una comedia que desmitifica la fatalidad del suicidio. La vida es muy breve e imprevisible. Yo aconsejo a los suicidas que no adelanten acontecimientos.

¿Es políticamente correcto comentar una lacra que, a pesar de estar oculta -los medios de comunicación tienen por ética no publicar este tipo de sucesos-, se halla presente en la sociedad?

Los medios son industrias que solo piensan en la cuenta de resultados. Algunos de ellos viven de la prostitución de los anuncios. Hubo una época en la que la sífilis era una enfermedad secreta, y no sirvió de nada. A más secretismo, más sífilis, más sida.

Escritor, actor, director, productor… ¿En qué faceta se siente más cómodo?

Escribir es enamorarse. Montar la obra, dirigirla y producirla es la luna de miel. La verdad es que me emociona mucho tener la idea, visualizarla, y por último, trabajarla con los actores, es algo muy grande.

Del teatro al cine y viceversa, ¿qué reconforta más?

El teatro es el instante, el latido, la posibilidad de cambiar representación a representación. El cine es lo inmutable, lo que realizas es así, y así será siempre. Supongo que el séptimo arte, como creador, te da la esperanza de que tu esfuerzo no será inútil, cuando el telón baje. Siempre queda la película en la filmoteca.

¿Cuándo le volveremos a ver sobre las tablas?

Tengo el sueño de montar La ley de Sodoma, que ha sido Premio Unesco de teatro, pero los sueños, sueños son, y el patio teatral está entre hortera y cutre y grandilocuente.

¿Cómo observa un humanista como usted los tiempos que corren?

Con una preocupación trágica. No solo por la indiferencia ante el hambre, la polución universal, o el materialismo integrista, mi visión trágica se debe principalmente, al número de cabezas termo nucleares, indefinido, que un loco en el poder puede hacer estallar sin que nadie pueda impedirlo.

¿El mundo que necesita más, comedia o drama?

Si la comedia se asemeja a To be or not to be…, de Ernst Lubitsch, que tuvo la grandeza de desmitificar hasta el ridículo a Adolfo Hitler, preferiría la comedia. El problema es que todo los días las madres llamadas Medea degüellan a sus hijos, por lo cual, el drama- denuncia, sigue siendo una necesidad.

¿El cine es una industria o una caja de sueños donde actores, guionistas, directores y productores acaban haciendo realidad sus expectativas?

Desde Spielberg y Lucas, el cine de ideas no puede competir con imágenes circenses, de cien millones de dólares. Por otro lado, el público no quiere ideas en la pantalla. Quiere velocidad y ruido para digerir más fácilmente los cubos de palomitas. ¿Quién imagina a Rosselini hoy en día dirigiendo cine.?

¿Qué es lo que más le gustaría hacer?

Encontrar un productor, tipo Elías Querejeta, que me ayudara a desarrollar un guión, que resumiera la emoción que todavía puedo encontrar en el séptimo arte. También me gustaría que el Centro Dramático Nacional estrenara mi obra de teatro El espíritu y la carne.

Aunque ahora lo que toca es la promoción de Bellos suicidios, ¿cuáles son los proyectos que tiene en cartera?

He tenido la fortuna este verano de poder rodar Mussolini va a morir, que recoge la última noche que pasó el dictador con Claretta Petacci antes de ser fusilados y masacrados. El Duce fue el primer populista que usó los medios de comunicación. Mi película es una denuncia de todo el sistema, banca, periodistas y política que son totalitarios.