El niño con difteria continúa “grave pero estable” en la UCI

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El niño de Olot (Girona) de seis años con difteria “sigue grave pero estable” en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, donde ingresó el sábado tras confirmarse que sufría la enfermedad, algo que no pasaba en España desde 1987.

“Cada día que pasa va a favor de la recuperación del niño”, destacó el director del Servicio Catalán de la Salud (CatSalut), Josep Maria Padrosa, al ser preguntado sobre el estado del pequeño tras la rueda de prensa de presentación de datos actualizados sobre trasplantes de órganos en Cataluña.

El doctor destacó que “es poco probable que haya más afectados”, teniendo en cuenta que el 90 por ciento de la población está vacunada contra la difteria, aunque el pequeño afectado no lo está por decisión de sus padres.

Aún así, la Agencia de Salud Pública “está haciendo un seguimiento exhaustivo de todas las personas que han estado en contacto” con el niño, que la semana pasada estuvo de ‘colonias’ con sus compañeros de clase y otros cursos por la zona de Olot.

De hecho, según explicó el martes la subdirectora general de Vigilancia y Respuesta a Emergencias de la Agencia de Salud Pública de la Generalitat, Mireia Jané, Salud está siguiendo a “entre 100 y 150 personas” que han estado en contacto con el menor, principalmente familiares, compañeros de escuela y personal sanitario. Se está prestando especial atención a aquellos que atendieron al menor inicialmente, cuando se desconocía su enfermedad.

El periodo de incubación de la difteria es de entre dos y siete días: el niño llegó el jueves a Urgencias del Hospital de Olot, aunque los síntomas habían empezado el 25 de mayo y no fue hasta el viernes que le hicieron pruebas específicas: los resultados confirmaron que estaba afectado por la bacteria de la difteria y el sábado fue trasladado al Vall d’Hebron.

La noticia del contagio de este niño catalán ha hecho saltar las alarmas ante una posible propagación de una efermedad que en España había desaparecido a finales de los años ochenta.

Cada vez son más los padres de familias acomodadas que, siguiendo ‘la moda’ de Estados Unidos, se niegan a vacunar a sus hijos. Aunque opcionales, no vacunar de estas enfermedades puede tener graves consecuencias.