El cambio climático pudo favorecer la evolución de los depredadores

El estudio valora la evolucione de las distintas especies ante las variaciones ambientales

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Un nuevo estudio de fósiles de perros de hace 40 millones de años de América del Norte sugiere que el camino evolutivo de grupos enteros de depredadores puede ser una consecuencia directa del cambio climático, según se revela en un artículo publicado en ‘Nature Communications’.

“Se refuerza la idea de que los depredadores pueden ser tan directamente sensibles al clima y al hábitat como los herbívoros”, afirmó Christine Janis, profesora de Ecología y Biología Evolutiva en la Universidad de Brown, en Estados Unidos, que trabajó con el autor principal Borja Figueirido, investigador postdoctoral Brown Fulbright que ahora es profesor en la Universidad de Málaga. “Aunque esto parece lógico, que no se había demostrado antes”, añadió.

El clima en el corazón de América del Norte hace unos 40 millones de años atrás era cálido y arbolado. Los perros son nativos de América del Norte. Las especies de entonces, según muestran los fósiles, eran pequeños animales más parecidos a las mangostas que cualquier perro vivo de hoy y estaban bien adaptados a ese hábitat. Sus extremidades anteriores no estaban especializadas para correr, conservando la flexibilidad para lidiar con cualquier comida sin importar por dónde caminaban.

Pero a partir de unos pocos millones de años más tarde, el clima mundial comenzó a enfriarse considerablemente y en las Montañas Rocosas de América del Norte había alcanzado un umbral de crecimiento que hizo el interior continental mucho más seco. Los bosques dieron paso lentamente a pastizales abiertos.

Para averiguar si esta transición afectó a la evolución de los carnívoros, Figueirido y el equipo de investigación, incluyendo Jack Tseng, del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, examinaron los codos y los dientes de 32 especies de perros que abarcan el periodo comprendido entre hace 40 millones de años hasta hace 2 millones de años.

Vieron patrones claros en esos huesos en el museo: al mismo tiempo que el cambio climático estaba abriendo la vegetación, los perros fueron evolucionando de animales de emboscadas a depredadores que se abalanzan sobre sus presas, como los coyotes modernos o los zorros, y en última instancia a los tenaces perseguidores de renos durante todo un día, como los lobos en las latitudes altas. “El codo es un muy buen indicador de qué están haciendo los carnívoros con sus patas delanteras, narrando toda su repertorio de locomoción”, explica Janis.