Pedro Luis Gallego explica en el juicio que tiene un problema psicológico por el que su vida no ha sido normal. / EFE
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El violador del ascensor, que ha estado media vida en prisión por matar a dos jóvenes y agredir sexualmente a otras 18, rompió ayer su silencio habitual en el juicio por cuatro nuevos ataques perpetrados en Madrid. Confesó, pidió perdón por todo y reclamó ayuda para frenar un impulso incontrolable.

Pedro Luis Gallego, de 61 años, acudió con semblante serio a la Audiencia Provincial de Madrid, que le ha juzgado por cuatro agresiones sexuales perpetradas en las cercanías del hospital La Paz a finales de 2016 y principios de 2017: dos fueron intentos y en otros dos casos llevó a las mujeres a Segovia, donde las violó repetidamente para devolverlas a la capital de España al día siguiente.

Hacía tres años que había salido de la cárcel al derogarse la doctrina Parot, por la que habría estado en prisión hasta 2022 al haber sido condenado a 273 años de cárcel por la violación y el asesinato de Leticia Lebrato, de 17 años, en Valladolid, y de Marta Obregón, de 19, en Burgos, además de otras dieciocho agresiones sexuales.

Arrepentimiento

Nada más comenzar el juicio confesó —“Me considero culpable”, dijo— y al final hizo uso de la última palabra para hacer lo que, según destacaron el fiscal y algunas letradas, no había hecho hasta ahora: asumir su culpabilidad, pedir perdón e incluso reclamar ayuda.

“Le hablo con el corazón en la mano, sabiendo que me voy a morir en la cárcel”, dijo al tribunal con seguridad, siempre sin quitarse las gafas oscuras, y añadió: “Estoy arrepentido de todo lo que he hecho, e incluso de haber nacido”.

“Que me entiendan a mi también porque yo me considero una víctima de mí mismo. Tengo un impulso que no puedo controlar”, aseguró, tras manifestar que tiene un problema psicológico del que no ha sido tratado específicamente, a pesar de haberlo solicitado, y para el que ha pedido que se le aplique un programa específico.

Tras haber permanecido tranquilo durante el juicio, casi sin moverse en el banquillo de los acusados, Gallego habló sin titubeos durante cinco minutos.

De pie, cogiendo el micrófono con ambas manos, el violador del ascensor comenzó su intervención con voz firme explicando que desde los 19 años tiene un problema psicológico por el que su vida no ha sido normal, y de hecho la calificó como “un desastre”, con 32 años en la cárcel.

Explicó que solicitó un “programa terapéutico específico” para su problema, “una especie de impulso que no se puede controlar”, pero que no se lo facilitaron en prisión, de modo que tuvo que acudir a una ONG y a una psicóloga que pagó él.

La Sección Sexta dejó visto para sentencia el juicio por los cuatro delitos: dos intentos de rapto y agresión sexual el 16 de diciembre de 2016 y el 2 de abril de 2017, y dos raptos y agresiones sexuales consumadas en las que llevó a las mujeres a Segovia y las violó repetidamente, el 19 de febrero y el 14 de abril de 2017.

Tras las pistas

Por todo ello, la Fiscalía solicita más de 90 años de cárcel y pide que cumpla efectivamente 25, sin beneficios penitenciarios, y además que durante diez años más no pueda estar en la Comunidad de Madrid, donde viven las víctimas.

Las letradas de las afectadas se adhirieron a esta petición del fiscal y, después del juicio, se mostraron “muy conformes” con la confesión. La defensa de Gallego también se sumó a la solicitud del Ministerio Público y reclamó ayudas para su representado.

Al haber confesado Gallego, las partes renunciaron a la práctica de las pruebas en sala y de los testimonios de testigos y pruebas periciales, de manera que solo declararon las cuatro víctimas, a puerta cerrada y con biombo para no ver a su agresor, y la instructora del caso en Policía Nacional.

Esta inspectora relató que fue con la segunda denuncia por agresión de una de las víctimas cuando establecieron un patrón en el “modus operandi” que les hizo pensar que se trataba del mismo autor, además de vincular los casos de dos mujeres que fueron abordadas en situaciones similares pero que al no consumarse la agresión fueron registrados como robos con violencia.

Así, explicó que las mujeres “eran abordadas a punta de pistola en una misma zona e “intentaba meterlas en un coche blanco”.

Finalmente, localizaron ese coche y un número de teléfono del que luego se supo que era de su cuñado y que Gallego había proporcionado a la Policía cuando en algún momento denunció que había perdido su DNI.